02 abril, 2012

"EX-LIBRIS" EN LA CULTURA ESCRITA DEL OCCIDENTE MEDIEVAL: LOS ORÍGENES

The 'Ex-libris' in the Medieval Western Literacy: the origines.
Les 'Ex-libris' dans la Culture écrite du l'Occident médiéval: les origines.

Uno de los temas que vienen siendo objeto de atención por la investigación en el campo de la cultura escrita medieval es el de los "ex-libris". El Diccionario de la Real Academia Española de la Lengua los define como "etiqueta o sello grabado que se estampa en el reverso de la tapa de los libros, en la cual consta el nombre del dueño o el de la biblioteca a que pertenece el libro".
Este artículo ha sido elaborado para nuestro 'blog' por un profesional del mundo de las bibliotecas que lleva trabajando sobre el tema cierto tiempo. Sus investigaciones tratan fundamentalmente sobre el mundo de la escritura, del libro y de las bibliotecas en la Antigüedad clásica, indagando especialmente por las fuentes romanas. Conocer el mundo de la escritura, de la preservación y de la transmisión de la memoria escrita medieval necesita del conocimiento previo de la realidad del mundo de la escritura en el mundo romano. De hecho, en gran medida, la Civilización del Occidente medieval no deja de ser una "traslatio" de la cultura romana.
En este pequeño artículo, su autor nos ofrece algunas de las ideas que aborda en una próxima publicación.


Incipit textum
  Se considera a una inscripción de barro con jeroglíficos del siglo XV a.C., el Exlibris más antiguo, pues menciona a Amenofis III y a su esposa Tiy junto a un título de una, “El libro del sicómoro y de la palma”. Según la historiografía, se produce un salto hasta la Edad Media, durante la cual, son los mozárabes los que emplean los exlibris el cual indicaba la pertenencia a un dueño concreto. “Este libro pertenece a los monjes del monasterio de Santo Jacopo de Ripoli en Firenze. Quien lo coja, tenga la bondad de devolverlo pronto y sin ningún desperfecto. Este libro es mío.”. Otras veces se indicaba además del nombre del dueño del libro el nombre del copista: “Abundantius presbiter librum … Maurus presbitero scriptor”, (Brebario toledano del S. IX.). Incluso se podían acompañar de conjuros para proteger su contenido incluso entre los cristianos. “Te conjuro a ti, que vas a copiar este libro, por nuestro Señor Jesucristo y por su gloriosa venida, cuando llegue para juzgar a los vivos y a los muertos, a que cotejes lo que transcribiste y corrijas cuidadosamente la copia confrontándola con este ejemplar que te ha servido como modelo: y transcribirás asimismo este conjuro y lo colocarás en la copia.”

   Pero subyace una pregunta, en el Imperio Romano, con una alfabetización mayor que en Egipto y la Edad Media, ¿No se usaron exlibris?

   En Roma se desarrolló un mercado cultural suficientemente amplio como para que se demandara libros y aparecieran talleres de copia, las primeras “editoriales”. Se leían obras de varios tipos como la erótica, novelesca, de cocina, juegos, etc.; se copiaban libros, se intercambiaban o regalaban; y más tarde, se crearon las bibliotecas, tanto públicas como privadas. Los libros se podían copiar de las bibliotecas como nos cuentan las fuentes clásicas o como se puede leer en algunos papiros, “Heraclides hizo la copia de la biblioteca de Praxias”.

   Este texto nos puede servir de guía para demostrar que existía la costumbre de añadir el nombre copista, o/y del dueño a los libros, para identificarlos. ¿Y porqué añadir el nombre de la biblioteca de la cual procedía el texto?

  Uno de los principales problemas que surgían del proceso de copia, era la posibilidad de que se cometieran errores. Cada vez que se hacía una copia, la obra original se iba desvirtuando. Los librarii solucionaban este problema por medio de los diorthortes, quienes revisaban el texto original con el nuevo, y modificaban las discrepancias que hubiera en ellos, si bien, no siempre se realizaba la revisión de los mismos. Estrabón escribe sobre la mala calidad de los libros vendidos, lo cual implica que estos no eran convenientemente revisados. Pero quienes hacían una copia personal debían revisar ellos mismos sus copias. Si esto no se hacía y con el tiempo surgían dudas sobre el sentido de la obra, saber dónde estaba el documento fuente ayudaba a localizarlo, para su posterior revisión y poder salir de dudas sobre el contenido.

   En las escuelas donde se impartía gramática, también existía la costumbre de identificar las tablas de cera o tabullae ceratae de los estudiantes, escribiendo sobre las cubiertas letras del alfabeto, números o incluso el mismo nombre del dueño. En una de estas tabulae ceratae alguien dejó escrito su nombre en la segunda cubierta, AMMONIOS.

  Conocemos un tipo de marca que se usó en la biblioteca de Alejandría. Esta biblioteca tenía como objetivo convertirse en el faro cultural del helenismo, para lo cual, se propuso adquirir todas las obras griegas. Para ello sus encargados recorrían tanto los centros culturales como los comerciales del Mediterráneo Oriental a la búsqueda de textos que consideraran de interés. Cuando hubo problemas económicos, nos cuenta Galeno, la biblioteca no dejó de adquirir obras, pues Ptolomeo Evegertes dictó una orden por la cual los viajeros de embarcaciones que entrasen en el puerto debían depositar todos los libros, recibiendo a cambio una copia. Esos libros que iban a ser copiados, contendrían el nombre de su antiguo dueño escrito en los sillybos

  A todo esto, cabe preguntarse dónde y cómo se marcarían los rollos, pues al contrario que las tabullae ceratae no presentaban una cubierta dura, sino que eran cilíndricos, de material endeble y se enrollaban sobre sí mismos,

  Los papiros se podían enrollar alrededor de una vara estrecha de madera, algo más larga que el papiro, y en sus extremos se añadían un par de topes que servían para protegerlos del polvo. A este conjunto de le llamaba umbiculi. A la obra se la identificaba por una tarjeta (sillybos) unida a un extremo del papiro, e indicaba el título y el autor. En estos sillybos no se han encontrado referencias ni marcas de los dueños, salvo la alusión anterior de Galeno, por lo que sólo quedaría añadir las posibles marcas de sellos al cuerpo del papiro, ¿pero dónde exactamente?

  Hasta no hace muchos años se conservaba una pintura mural en Herculano estudiada por Mauri, en la llamada Casa del Papiro Pintado, en la que se apreciaba un papiro enrollado que en lugar de tener un sillybos con el autor y el título de la obra, aparecían éstos escritos en la cara exterior, en letras griegas de color negro, dividido en dos partes por lo que parece ser un sello. El texto que aparece es el siguiente: “Eutychos (autor de) Choriambes (…) con la música”. Ahora bien, el sello ¿sería un exlibris del dueño o representaba un papiro recién comprado con el sello del vendedor? Poco se puede decir sobre ello.

  En cuanto a los sellos, podían estar formados por una serie de letras que identificaran al dueño, por un motivo figurado mostrando su efigie o por una combinación de ambas. De igual manera podía reflejar una imagen relacionada con los intereses propios del dueño o de la institución a la que perteneciera el sello.

Autor: Francisco J. Alonso López
Cuerpo Facultativo de Archiveros, Bibliotecarios y Arqueólogos
Biblioteca del Museo Nacional de Arte Romano (Mérida, Badajoz)


¿Cómo citar este "post"?
ALONSO LÓPEZ, F.J.: "Ex-libris" en la cultura escrita del Occidente medieval: los orígenes,en http://cartulariosmedievales.blogspot.com. Posted 2/4/2012 (Fecha de consulta dd/mm/aaaa).

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Editado por A. Sánchez Mairena
Editor de http//cartulariosmedievales.blogspot.com

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