He aquí una definición de un diccionario enciclopédico español-frances del siglo XIX, que recoge las distintas acepciones de la voz Cartulario. Destaca por ofrecer una definición polisemántica distinta a otros diccionarios, incluso especializados en temas documentales.
"Chartulaire, s.m. Char-tu-lé-r. Cartulario; libro tercero, la colección de títulos y privilegios de una comunidad ó abadía. // Cartulario; el que presidía los juicios en lugar del papa y que guardaba los títulos y privilegios de la Iglesia. // Cartulario; miembro del clero que tenía cuidado de los títulos, codicilos, libros de cuenta y razón, y de los demas libros usados por los lectores y chantres."
(Fuente: DOMÍNGUEZ, Joaquín (dir.): Diccionario Universal Francés - Español, por una sociedad de profesores de ambas lenguas. Vol. I. Madrid: Imprenta de la Viuda de Jordán, 1845, p. 468).
Esta definición ofrece varias pistas sobre las que abundar en los análisis sobre nuestros cartularios:
a) "Libro Tercero", relacionable especialmente con la función jurídica de los cartularios; especialmente, de los Tumbos, donde recientemente Adriaan Keller ha reflexionado sobre esta función a partir de repasar los testimonios escritos en la Península Ibérica (A. KELLER: "El 'Becerro' vices gerens: con el ternero a la magistratura", en M.ª Val GONZÁLEZ DE LA PEÑA (ed.), Estudios en memoria del Profesor Dr. Carlos Sáez, Alcalá de Henares (Madrid): Universidad de Alcalá, 2007; pp. 439-465). Esta línea nos lleva a profundizar en las funciones de nuestros cartularios, sobre la frontera entre el mero códico, la función jurídica y administrativa, y la utilidad archivística de este instrumento, a la vez "catálogo" o "inventario" de un archivo, o "copia" o "archivo" de seguridad del mismo, como ha postulado el Prof. Carlos Sáez.
b) Orígenes y tradiciones que dan lugar a la confección de cartularios en la Edad Media. ¿Los cartularios aparecen simultáneamente en todo el Occidente medieval como producto de una institución o tradición documental concreta, especialmente pontificia? ¿Existe un solo punto creador a partir del cual se expande su compilación?, o, más bien, ¿el cartulario es un códice polifuncional producto de distintas tradiciones documentales y administrativas a partir del Derecho Romano clásico, que propicia usos y funciones de códices jurídicos, administrativos y archivísticos de forma paralela y que conocemos como "cartulario"?
c) Relación entre la compilación de un cartulario y la función documental de las instituciones eclesiásticas medievales indicadas en la definición.
En este sentido, no está demás recordar la indicación de F. Nabot y Tomás (un resumen en este blog) cuando menciona un testimonio altomedieval que habla de los Chartarum tomi. Y el análisis sobre la función archivística de los cartularios hecha por C. Mendo Carmona (2006).
Son variadas las líneas de investigación... ¿tantas como funciones de estos códices?
Madrid, 5 de mayo de 2008.
Alfonso Sánchez Mairena
Cuerpo Facultativo de Archiveros, Bibliotecarios y Arqueólogos
Madrid
05 mayo, 2008
VOZ "CARTULARIO". DEFINICIÓN BILINGÜE DE 1845
29 abril, 2008
NUMANCIA. Amenaza restos arqueológicos
Estimados amigos:
Desde la administración de www.medievalismo.org nos han llegado el siguiente mensaje, que por su interés cultural hemos considerado difundir en "Cartularios Medievales":
Odoario
Queridos amigos: os enviamos convocatoria sobre reunión en Numancia, que se ve amenazada por urbanizaciones y edificaciones industriales. Como sabéis Numancia no fue sólo una ciudad arévaca y romana, sino musulmana y cristiana medieval. Atentamente, Juan Zozaya,
Presidente, Queridos colegas, En el contexto de la campaña de sensibilización que está liderandonuestro Departamento en relación a las agresiones que se están produciendo alentorno paisajístico del yacimiento arqueológico de Numancia (podéis ver toda la información en nuestra web:
http://portal.uned.es/portal/page?_pageid=93,1159208&_dad=portal&_schema=PORTAL
os comunico que se ha organizadouna visita a dicho enclave para el sábado día 10 de Mayo. Por supuesto,sería magnífico que –si os parece oportuno–, además de asistir, reenviaseiseste correo a vuestros contactos y que dieseis cobertura a la iniciativa enlas webs que algunos de vosotros gestionáis.A continuación os copio las indicaciones que, al respecto, da la Profª Peréx, Directora del Departamento. Desde el Departamento de Historia Antigua de la UNED tenemos previstorealizar una visita a Numancia, el sábado 10 de Mayo, que comprenderála ciudad, la necrópolis celtibérica, un tramo del vallum y loscampamentos de La Rasa y Peña Redonda. El punto de reunión será la entrada al yacimiento, a las 11, 30 horas(la visita es gratuita por ser sábado). Muy a pesar nuestro, no podemos hacernos cargo ni del desplazamiento nidel almuerzo. Recomendamos acudir con calzado cómodo para llegar a lanecrópolis y al vallum. El acceso a los campamentos se realiza por caminos detierra, en no muy buenas condiciones que requieren, a ser posible, un vehículoadecuado.En los próximos días ampliaremos la información al respecto. Recibid un cordial saludo esperando vuestra asistencia a dicho evento, Javier Andreu
04 febrero, 2008
CONCLUSIONES DE PIERRE CHASTANG EN SU OBRA SOBRE LA REDACCIÓN DE CARTULARIOS EN EL BAJO LANGUEDOC (Francia, siglos XI-XIII)
Conclusion générale du Pierre Chastang au son oevre sur la rédaction de cartulaires au Bas-Languedoc (France, siécles XI-XIIIe).
General conclusions of Pierre Chastang in his book about the writting of cartularies in the Bas-Languedoc (France, XI-XIIIth centuries)
Introducción
Presentamos seguidamente una traducción libre de las conclusiones de la obra de Pierre Chastang, uno de los últimos y más conseguidos trabajos sobre el mundo de los cartularios. Chastang trabaja sobre una serie de códices creados en diferentes fases entre los siglos XI y XIV en esta región meridional de Francia. Enfoca los cartularios, no como meros códices diplomáticos, sino como codices en relación a su contexto cultural: el cartulario está en estrecha vinculación con el archivo, uno de los ejes de investigación que comienza a ser valorado por los investigadores; y, sobre todo, como producto escrito en relación con el contexto de las relaciones de poder en las sociedades feudales de su tiempo. Los cartularios estudiados son los producidos fundamentalmente por las iglesias catedralicias y los obispados de Montpellier, Agdé y Marsella. En ellos se verifica la evolución de las prácticas documentales producidas en el entorno del derecho romano visigótico (Liber Iudiciorum), los conflictos provocados por la reforma cluniacense que dieron lugar a la reconstrucción del espacio de las instituciones eclesiásticas mediante una lectura jurídico de los documentos de su archivo; así como el movimiento de reforma de los cabildos catedralicios a partir de las separaciones de las mesas capitular y episcopal en el siglo XII. En este contexto, se estudia la aparición del clérigo o canónigo jurística, fundamento del notariado público o tabelionato de la región a mediados del siglo XII. Chastang analiza como son producto de la expansión de derecho romano vulgar desde Italia hacia el resto de la Cristiandas medieval.
Una lectura nueva para el investigador español consiste en comprobar, a su vez, la tesis de M. Zimmermann sobre las instituciones jurídicas y documentales visigóticas en la zona de Cataluña, donde se asiste a un proceso de iniciativa política de la mano de las instituciones documentales, políticas y sociales, paralelas si no idénticas a las del occidente peninsular. Desde ese punto de vista, ¿no serían equiparables a las iniciativas políticas de expansionismo por parte de los reyes emperadores de Galicia-León-Castilla con las iniciativas de los condes catalanes que desembocan en la dinastía real aragonesa? Instituciones como la renovatio scripturae y las cláusulas de testamentos y otros documentos así lo parecen mostrar. La tradición visigótica es idéntica, pues el midi francés presenta instituciones herederas de la Lex romana wisigothorum muy parecidas a las del Reino de León, como las que vemos en las escrituras de los archivos y cartularios gallegos, que hacen patente la tradición documental e institucional de los hispani frente a los carolingios y a los condes francófonos. Tanto en los condados catalanes como en el Reino de León pareciera que entre los siglos VIII al XI hubo una tendencia a la restauratio de la tradición visigótica.
Antes de pasar a nuestra versión traducida, debemos incidir en la idea de P. Chastang en abordar los cartularios medievales, no como simples registros de documentos copiados o códices diplomáticos, los Kopialbücher de la tradición codicológica medieval europea, sino como secondary records, según las líneas de la investigación anglo sajona. Término que implica una relectura de los documentos, una revisión de la evolución de las cláusulas, de los sistemas de transcripción, del cotejo con los documentos originales que se pudieran conservar en los archivos de las instituciones, y demás relaciones documentales, que ayuden a desentrañar el complejo mundo de evoluciones y relaciones que descansan en los documentos.
Su obra sobre la redacción de cartularios en el Bajo Languedoc francés se esfuerza por no reducir estos códices medievales a simples registros, Kopialbücher en la terminología, sino situar su redacción en el ámbito más amplio de la historia social de las prácticas medievales de la escritura. Chastang indica expresamente que “no existe escrito sin escritura y que la operación de compilación de los documentos no se escapa de estas reglas”.
Traducción
El estudio de P. Chastang se ha construido a partir de tres ejes principales:
- La construcción de la memoria de las instituciones eclesiásticas en el contexto de la organización institucional, que desde finales del siglo XI, jugaron un papel esencial.
La aparición de nuevas formas de concepción del espacio (spacialité) que son inseparables del proceso de encastramento (incastellamento) y de la reforma gregoriana. Estos condujeron a difuminación progresiva de las antiguas estructuras (cadres) heredadas del período carolingio. - La producción, mediante documentos escrito que no son, ni un reflejo de la realidad, simples instrumentos (artefact), de una morfología social.
- Chastang constata, como Patrick Geary había subrayado ya en sus trabajos, que una desconocida hasta entonces necesidad de memoria aparece a lo largo del siglo XI. El contexto reformador condujo a las instituciones eclesiásticas a sondear su propio pasado, rebuscando en los archivos disponibles. En la zona meridional de Francia (Midi) esta búsqueda raramento tomó la forma de un relato; y son los instrumenta conservados en el archivo (chartrier) los que llamaban la atención de los clérigos. Cada institución, dependiendo de su propia historia y como consecuencia de sus propias tradiciones memorísticas, es muy distinta, en función de la clasificación de sus cartularios, de su profundidad histórica y de la periodización del pasado a partir del que trabajaban los escribas. Reformar, para los monjes benedictinos, consistía en relacionar el período contemporáneo con una edad dorada, la de su fundación, a la que los escribas se aplicaron a restarurar de la manera más favorable posible. Para ellos, la reconstrucción patrimonial que comenzó a finales del siglo X, mantenía un contínuo diálogo con los tiempos carolingios. Por ello, las referencias al poder imperial y real jugaba un papel central. Encontramos esta omnipresencia del pasado carolingio en los cartularios de los obispados que exhumaban voluntariamente los documentos del siglo IX y del X para apuntalar la posición de la institución comitente en los conflictos por el fraccionamiento de los derechos públicos que surgieron a lo largo del siglo XII. Las conónigos fueron, por sí mismos, hombres sin pasado. El movimiento de restauración de diezmos y de iglesias de la diócesis, que comenzó hacia 1070, determinó la amplitud histórica de los cartularios de los capítulos del siglo XII.
Este trabajo de organización archivística suscitaba en los medios monásticos y catedralicios una interrogación sobre la autoridad que debía acordar la escritura y la memoria de la comunidad en la elaboración de los códices. Intervino una ruptura hacia 1070/80 y es a partir de este período histórico cuando el pasado y los archivos son contemplados. Este trabajo reservaba en un primer momento un lugar importante a la memoria de la comunidad como fuente de autoridad. La necesidad de formalizacón y la búsqueda de autenticidad no son ya sinónimos de respeto al documento original. Todos los documentos conservados en el archivo (chartrier) entraban en la constitución de las agrupaciones documentales (dossiers) de los cartularios y los escribas no eran autorizados, por la elección y la interpolación de documentos, a producir una “síntesis” que garantizara los derechos de la Iglesia. Estos años de 1070/1080, que no representan una ruptura en la realidad de las relaciones sociales, corresponden pues a una época de toma de conciencia por los contemporáneos de los cambios acaecidos durante el siglo precedente. Se asiste ahora a la elaboración de los memoriae de la sociedad feudal. Este esfuerzo desplegado por los hombres del siglo XI para arraigar el presente en un pasado lejano, en gran medida reconstruido, notifica que la ruptura es patente. El movimiento de formalización produjo mientras tanto en su desarrollo importantes transtornos culturales y sociales. La acción de los diferentes grupos es siempre tributaria de esta “realidad” construida por el archivo y por la escritura. Desde este punto de vista, el siglo XII se caracterizaría por una doble evolución: por una parte, se asiste a la generalización, en el contexto del renacimiento del derecho romano, del respeto al documento original, y, por otra parte, a la difusión de la escritura gracias a la emergencia del notariado público. Paralelamente, el valor probatorio del documento escrito se acrecienta en los procedimientos de resolución de conflictos. Los redactores cambiaban generalmente la exhaustividad y organizaban sus agrupaciones documentales según el principio de la genealogía patrimonial.
La redacción de los cartularios testimonia igualmente un esfuerzo de ordenación espacial. El señorío es frecuentemente considerado y construido [apreciése que no se dice reconstruido] por los redactores de los cartularios como una suma de res pertienentes organizados y unificados. Esta afirmación del dominium eclesiástico modifica pronfundamente las relaciones que unían a la Iglesia y a los laicos, así como el lugar y el significado detentados por la donación piadosa. Por otra parte, en este nuevo contexto es cuando la fabricación por los monasterios de modelos de lantidad laica tome todo su sentido; todos ellos contribuyeron a redefinir las relaciones que unían a la aristocracia y la Iglesia. La manera de construir los espacios señoriales por la redacción de los secondary records [expresión de Patrick Geary para los documentos transcritos en los cartularios] varía según que se trate de abadías benedictinas, de capítulos catedralicios o de obispados. Los dispositivos textuales de defensa del patrimonio y los sistemas de descripción de la propiedad eclesiástica no son idénticos. Hacia 1070, en la abadía benedictina de Gellone, las estructuras de división del espacio regional heredadas de la período carolingio continuaron teniendo un lugar central. En el medio monástico, las reliquias y el santo en virtud de los que se habían establecido son consagrados jugando un papel primordial en la descripción de la defensa del patrimonio. Los dispositivos textuales producidos a comienzos del siglo XII lo testimonian. Por el contrario, los canónigos consideraron más sus bienes como los “fragmentos” de la Iglesia universal. Salidos de familias de la nobleza militar (castral), se asimilaban rapidamente a la nueva polarización del espacio inmediato al proceso de encastramiento (incastellamento). La clasificación de sus codices, en virtud de las iglesias restituidas de elementos importantes de la organización del poder local, presenta un espacio encastillado en el seno del cual el territorium castri es la división espacial estructurante. Es así sobre el terreno del derecho cuando los canónigos comenzaron a crear las eficaces líneas de defensa patrimonial. La difusión progresiva del derecho romano en el Bajo Languedoc a lo largo del siglo XII acentuaba una evolución del trabajo de los scriptoria de las abadías benedictinas, aunque más tardíamente, también en su interinidad. A comienzos del siglo XIII, se asiste a nuevos cambio; no en el sentido del contexto jurídico y cultural que surgió progresivamente después de 1150. Los cartularistas no buscaban más censar de manera exhaustiva el conjunto del patrimonio de la institución. El cuidado, frecuentemente expresado en los prefacios, de disponer con el cartulario un duplicado de los documentos, que limita el riesgo de la desaparición de los archivos, no era mostrados más. Cartularios y archivo (chartrier) son frecuentemente conocidos de manera coplementaria. En los cartularios nos aparecen más que los elementos del patrimonio eclesiástico que subsisten de contestación por terceros. Los cartularistas, con profundos conocimientos jurídicos, constituían constituían agrupaciones documentales (dossiers) que defendían los derechos adquiridos por la Iglesia: reagrupan los documentos justificativos y las piezas de los procesos judiciales. Paralelamente, la evolución del señorío y de sus estructuras de prelación conducía a los redactores no solamente a transcribir los documentos de gestión que estarían hasta ese momento abandonados, pero también a acordar un nuevo lugar a los lazos personales en los que el contenido y la naturaleza se precisaban ahora.
La escritura de los cartularios mantenía lazos estrechos con las otras producciones textuales meridionales, que buscaron relatos hagiográficos, crónicas o textos literarios. Un respeto a la tipología documental tradicional prohibía frecuentemente a los historiadores tener en cuenta estas relaciones intertextuales. Esta apertura a la variedad de las “escrituras” documentales y literarias permite no suponer a priori los tipos de producción textuales a los grupos sociales particulares pero restituir, al contrario, las profundizaciones y las “comunidades textuales”. Ests prácticas de la escritura debían ser tomadas como objeto de una historia total que enlaza y no separa las formas culturales del contexto social de su emergencia y de su desarrollo, de manera a no caer ni en una Geistgeschichte ni en la descontextualización consiguiente a ciertas posiciones de la historia cultural anglo-sajona actual. A partir de la década 1070/80, las cartas meridionales se esfuerzan pro describir el mundo y la sociedad contemporáneas y de producir una representación ordenada. La difusión de la cultura jurídica en los medios eclesiásticos meridionales, en particular los capítulos catedralicios, acaba por dotar a los clérigos de un “utillaje mental” que favorecía la deducción de los principios y de los conceptos a partir de la fusión de los hechos y de las situaciones. ¿Cuál es el papel de la imagen de la sociedad que escribas y letrados meridionales se esfuerzan por construir? El escrito es a la fuerza un espejo de las estructuras sociales del período feudal y un artefacto por el cual las cartas organizaban las representaciones que la sociedad se hacía de su propio funcionamiento y de las relaciones de poder que lo organizaban. Existe una eficacia propia del escrito como había remarcado G. Duby en su lección inaugural pronunciada en el Colegio de Francia: “el sentimiento que tenían los individuos y los grupos de su respectiva posición, y las conductas que dicta este sentimiento, no son jamás dictados por la realidad de su condición económica, sino por la imagen que ellos tenían, la cual nunca es fiel, pero siempre templada por el juevo de un conjunto complejo de representaciones mentales”. Los cartularios participan plenamente en la producción de estas “representaciones mentales” referidas por el escrito. La sociedad meridional toma forma pro el trabajo de la escritura. Los espacios, los grupos sociales, los recintos del poder y los modelos de relaciones sociales son inventados y / o activados por la definición de las fronteras y por la puesta en obra de un trabajo memorístico que sondea y reconstruía un pasado en el que el presente se esfuerza en descubrir las justificaciones. Estos son cambios importantes, pero no transtornaron las relaciones de dominación tan profundamente como pretendían los historiadores anglo-sajones de la escritura. Algún grupo clerical distinto no emerge a lo largo del siglo XII y no confisca en su beneficio, por su maestría de la escritura, los mecanismos de producción de una norma social que de las prácticas hasta ese momento consuetudinarias permitirían considerar como más igualiatarias. Algún grupo clerical cultural homogéneo no aparece en Languedoc y la escritura, lejos de ser acaparada por algunos de ellos, se difunde al contrario, por parte del notariado, en la mayor parte de la sociedad. No se está lejos de un monopolio de los clérigos literati y es sin dudas una de las direcciones a seguir para comprender el arraigo regional de la heregía cátara.
Las nuevas redacciones de cartularios aparecen a comienzos del siglo XIV; la más famosa es la monumental compilación de documentos de la Iglesia de Maguelone impulsada pro el obispo Arnaldo de Verdale. Se trata de un trabajo de historia erudita que trata de recopilar el conjunto de pergaminos en ese momento disponibles, que de cartularios tales que hemos descrito para los siglos anteriores. Los volúmenes que Arnaldo de Verdale hizo compilar son Kopialbücher y hacen ver junto a la crónica que redactó paralelamente para ver aparecer un verdadero trabajo de fabricación de la memoria.
Los codices, como todo documento, son fabricados y la restitución del contexto y de las complejidades de su elaboración ofrecen una clarificación indispensable sobre su significado histórico. Los procesos de elaboración no puede y no debe estar separado de la forma y del confenido final del documento. Este minucioso trabajo de deconstrucción no conduce a una fragmentación del sentido pero permite recuperar la menra por la que los hombres de la Edad Media construían por medio de la escritura la realidad en la que vivían.
BIBLIOGRAFÍA
Pierre CHASTANG: Lire, écrire, transcrire. Le travail des rédacteurs de cartulaires en Bas-languedoc (XIe-XIIIe siècles). Paris : Éditions du CTHS, 2001 ; pp. 423-427. [ISBN 2-7355-0472-7]
Traducción libre por
Alfonso Sánchez Mairena
Cuerpo Facultativo de Archiveros, Bibliotecarios y Arqueólogos
25 enero, 2008
FRAGMENTOS SOBRE CARTULARIOS DE CATEDRALES Y MONASTERIOS
Text Pieces from “The Cartularies of Cathedrals and Monasteries of Spain in the Middle Age”, of F. Nabot y Tomás. Barcelona: Print of A. Ortega, 1924.
Los Cartularios de las Catedrales y Monasterios de España en la Edad Media, de Francisco NABOT y TOMÁS. Barcelona: Imprenta de Ángel Ortega, 1924.
Un clásico de divulgación hizo una vez la presentación de la relectura de una obra conocida, interpretándola desde el nuevo punto de vista que posibilita la amplitud de miras de las sucesivas generaciones. En este caso, que esperamos continuar en sucesivas ediciones de artículos en Cartularios Medievales, vamos a recuperar fragmentos de obras que consideramos de interés para el lector interesado en los cartularios medievales, uno de los aspectos más interesantes de la civilización medieval y de sus manifestaciones culturales documentales.
Estos fragmentos rescatarán partes de obras famosas y muy difundidas en su día, en lo que ahora, en el tradicional mundo de la cultura analógica, denominamos de la divulgación del libro y de los artículos impresos. No se busca ninguna originalidad, sino rescatar lecturas de obras signifcativas sobre códices, cartularios, archivos, instituciones y documentos del medievo hispánico.
En este caso vamos a acercarnos a un clásico del estudio de los códices y cartularios hispanos, ámbito que tuvo un gran desarrollo tras la desamortización del siglo XIX y la constitución de la red de archivos históricos nacionales, fruto en gran medida de bibliotecarios eclesiásticos, archiveros y bibliotecarios del ahora centenario Cuerpo Facultativo de Archiveros, Bibliotecarios y Arqueólogos, y profesores de las principales Facultades de Filosofía y Letras. No merecen olvidarse los trabajos de los Padres Flórez y su continuador el P. Risco en el siglo XVIII; F. Nabot y Tomás, que ahora nos ocupa en Cataluña; las de Ángel Canellas, las de Tomás Muñoz y Romero, Claudio Sánchez-Albornoz; José Villaamil y Castro, y A. López Ferreiro en el ámbito gallego, José Mattoso en Portugal, J. M. Eguren; el hispanista francés L. Barrau-Dihigo... y muchísimos otros. Son autores cuyas aportaciones permanecen accesibles en los ejemplares conservados de sus obras y fueron la base de las dos generaciones posteriores de estudiosos y profesores universitarios a los que debe mucho la actual comunidad investigadora, nos referimos a la generación de la posguerra y sus continuadores hasta el presente.
Es hora de quitarnos el velo traslúcido del calificativo de rancio con que las últimas generaciones amenazamos con llevar al olvido a obras, cuya relectura nos recuerda una gran experiencia de conocimientos difundidos en su día con los que aún debemos contar. Nunca como antes, nuestra generación se había enfrentado a dos paradojas de nuestra cultura o civilización moderna. Por un lado, que nunca como antes habíamos tenido a nuestro alrededor tantas fuentes de información, pero su cantidad y vertiginosa producción diaria influyen sobremanera en nuestra incapacidad para su cotidiana asimilación y el procesamiento de los mensajes, en muchos casos debido a la influencia o mimetismo al que nos somete la supervivencia a corto plazo en este mundo de contínuos cambios que amenaza siempre con desfasarnos de un día para otro. Por otro lado, nunca como antes, tras unos doscientos años de investigación crítica y científica a partir de la Ilustración del siglo XVIII, hemos estado tan cerca de convertirnos en continuos redescubridores del Mediterráneo tras tres mil años de civilización.
Esta paradoja solo podría ser superada si dedicamos una parte de nuestro tiempo a releer obras clásicas, cuya experiencia nos enriquecerá, al igual que la experiencia de las memorias de toda una vida o la narración de las vicisitudes de un prolongado viaje las adquirimos en pocas horas de lectura.
Pasemos ahora a leer diferentes fragmento de las ideas de F. Nabot sobre los cartularios hispanos. En esta obra leemos ideas, clasificaciones y consideraciones que hoy día tenemos asumidas como obvias, pero a veces olvidamos el origen de las mismas, o al menos, de otros investigadores que, en muchos casos, observaron ya lo mismo que nosotros lo hacemos actualmente.
Esta obra sigue funcionando hoy día como un verdadero manual de los cartularios en España. No hay otro... de momento.
Códices, cartularios y registros
(...) La Bibliografía y la Paleogafía bibliográfica estudian las diversas clases de manuscritos o códices en sus caracteres extrínsecos e intrínsecos, en su forma material y en su fondo o esencia. El doctísimo D. José M.ª de Eguren, en su preciosa “Memoria descriptiva de los Códices notables conservados en los archivos eclesiásticos de España”, obra premiada por la Biblioteca Nacional, en el concurso público de Enero de 1859, divide los Códices en nueve secciones:
Códices Bíblicos.
Códices Litúrgicos.
Códices Canónicos.
Códices de obras de los antiguos Padres de la Iglesia.
Códices de Jurisprudencia civil.
Códices de Literatura profana.
Códices de Ciencias exactas, físicas y naturales.
Códices históricos; y
Tumbos, Becerros y Cartularios.
La sección novena puede y debe ampliarse. Existen en nuestros archivos una serie de códices o manuscritos semejantes o relacionados con los “Tumbos”, “Becerros” y “Cartularios”. Nos referimos a los “Registros Reales”. “Registros de la fe pública”, “Cabreos”, “Lumen domus”, “Indices de documentos”, “Necrologios”, “Obituarios”, etc., etc. Todos estos manuscritos son de orden administrativo y hacen referencia, por consiguiente, desde distintos puntos de vista, al gobierno y régimen de las respectivas Catedrales y Monasterios que los poseen o han poseído. Por ello, pues, denominamos toda esa serie de manuscritos de carácter documental con el título o epígrafe de “Códices diplomáticos”. (...) [pág. 5]
Las dificultades de la investigación... Aún nos es familiar
(...) Limitamos nuestro estudio a los “Códices diplomáticos”, es decir, a aquellos que contienen documentos o índices y extractos de documentos de cualquier índole. No trataremos de todos los “Códices diplomáticos”, sino únicamente, de los llamados“Cartularios”, “Becerros” y “Tumbos”. Dentro de esta agrupación, nos fijaremos solamente, en los de las Catedrales y Monasterios, dejando para otra ocasión, el estudio de los Bularios Pontificios, de los Cartularios reales y de los Cartularios de distintas corporaciones, p. e., de las Universidades, Ayuntamientos, Ordenes Militares, etc. Aún concretándonos a los solos Cartularios eclesiásticos, a los de las Catedrales y Monasterios, nuestra labor será elemental e inconpleta, por la abundancia de dichos materiales diplomáticos, por su grande importancia y por lo difícil de la investigación en archivos y bibliotecas, la cual exige tiempo y medios de que no disponemos. (...) [págs. 7-8]
Concepto de cartulario
... La palabra “Cartulario” puede tomarse en la acepción antes explicada, esto es, códice o registro en que se copiaban íntegramente o en extracto los documentos recibidos por las Iglesias, Monasterios, ciudades, etc., que es la acepción más propia y corriente y también en otra más amplia, admitida y confirmada por los eruditos contemporáneos, según la cual, constituyen el Cartulario de una entidad ya eclesiástica ya civil, el conjunto de documentos y escrituras a ella concernientes, aún cuando provengan de fondos distintos, ora sean unas antiguas y otras de épocas posteriores. En otras palabras: también se entiende por Cartulario de una Iglesia, de un Monasterio, de una Corporación dada, toda la serie de pergaminos y documentos en papel, a los mismos dirigidos, en diferentes años y siglos, y por tanto, en distinto lenguaje y diferente paleografía [¿lejano eco del “chartrier” francés?]. No hay otra diferencia, por consigueinte, entre uan y otra acepción, sino que la primera indica copia o traslado de los originales a un libro dado, en una misma letra y tiempo seguido; mientras que la segunda se refiere a todos los documentos sean o no originales, pero sueltos y desligados, pertenecientes a una misma corporación. Bien se comprende, después de lo dicho, que de la propia manera que, en diferentes siglos, se han copiado los documentos originales en libros adecuados y que, en épocas distintas, han vuelto a copiarse los Cartularios o libros de documentos, así también, podríamos ahora formar Cartularios diversos con solo copiar o imprimir las escrituras sueltas de una Iglesia o Monasterio en un mismo libro. Los benedictinos de Silos han aplicado esta acepción amplia de la palabra cartulario, en una preciosa colección documental, publicada por el ilustre paleógrafo y religioso de la Orden, P. Férotin. Para formarla, se sirvieron estos religiosos del Cartulario silense y luego de una serie de diplomas relativos a Silos, existentes unos en el Archivo de dicho Monasterio, y otros en los archivos Histórico Nacional, de las Catedrales de Burgos y Burgo de Osma y en el particular de los Duques de Frías. El P. Serrano, Abad actual del propio cenobio, acepta las dos aceptciones de la palabra cartulario, ya que su “Becerro Gótico de Cardeña” es impresión del manuscrito que posee la familia Zabálburu, de Bilbao, mientras que su “Colección Diplomática de San Salvador de El Moral” está integrada con diversos documentos procedentes del Becerro de este Monasterio y con otros pertenecientes a los archivos de Burgos, Silos y Palenzuela; y su “Cartulario de Covarrubias” está integrado con fondos de los archivos Abacial, Colegial y Municipal de dicha población. (...) [págs. 10-11]
La autoría
(...) "En algunos Cartularios se consignaba el tiempo en que comenzaba y el en que terminaba su redacción, así como también el nombre de los copistas y el del Obispo, Abad o persona que mandaba hacerlos. En los más se omitían estas indicaciones. Modestos y humildes aquellos obreros de la ciencia, no cuidaban de su fama.” (...) [pág. 20]
(...) "En los propios Cartularios, a veces en sus comienzos, otras en el contexto documental o en sus últimos fólios, se contienen en algunos casos, curiosas indicaciones del porque de su formación y existencia. El Cartulario del Cabildo de la Catedral de Laón fue formado por el Canónigo Jacques Pantaleón o Jacques de Troyes con considerable número de preciosos privilegios y títulos de propiedad de aquella Corporación eclesiástica. Es muy digno de anotarse que el autor de este Cartulario ocupó el solio pontifico desde 1261 a 1265 con el nombre de Urbano IV. Es una hermosa obra caligráfica dicho Códice diplomático. Comienza así:
El Cartulario crónica
(...) Los Cartularios, por regla general, sólo contienen copias de documentos. Sin embargo, no es raro encontrar el algunos de ellos disertaciones históricas, noticias biográficas, datos cronológicos, listas de Pontífices, Prelados, Abades, Reyes, Protectores, etc. En este caso dichos códices participan del carácter de Crónicas y son llamados “Cartularios crónicas”. Como de esta clase podemos citar el “Tumbo del Real Monasterio de San Martín de Castañeda”, de la Orden Cisterciense, en el “Archivo Histórico Nacional”. Además de la parte diplomática, contiene curiosas noticias sobre la jurisdicción del Monasterio y datos biográficos de religiosos de la misma Orden (año 1714); el “Cartulario del Monasterio de Fitero”, de la misma Orden que el anterior y también guardado en el “Archivo Histórico Nacional”, llamado vulgarmente “Libro Naranjado”, contiene, además de la serie documental, un Catálogo de sus abades y monjes y noticias de sus Bulas, Privilegios y Rentas. Lo formó el archivero del Monasterio Fray Juan Bautista Ros en 1628. El Sr. Giry en su antes citada obra (pág. 29), presenta como ejemplos de “Cartularios crónicas”, entre otros, los de Saint-Bertin de Saint-Omer, escrito en 962 por el monje Folquin, el “Liber reparatione chartarum” de la abadía de “Saint-Chaffre de Moustier” (siglo XI) y los de la Catedral de Grenoble (s. XI), formados por el Obispo Saint Hugues para reconstituir el patrimonio de su Iglesia.” (...) [págs. 22-23]
Origen de los cartularios... ¿los “Chartarum tomi” del siglo VI?
(...) Difícil es señalar el origen de los Cartularios. Deben datar de época muy antigua. Si las invasiones goda y musulmana no hubiesen destruído, junto con otras causas, los preciosos y cuantiosos archivos de las épocas romana y visigoda, probablemente podríamos admirar y estudiar códices diplomáticos de aquella época. Desde luego puede asegurarse sin temor de engañarse que debió haberlos en los tiempos visigodos. En dicha época fueron notabilísimas, entre otras muchas, las escuelas literarias de Dumio y Braga, de las cuales fue alma y apóstol el abad y obispo San Martín Dumiense o Bracarense, la de Palencia, regentada por Conancio; la de Cartagena, por su obispo Liciniano; la de Sevilla, por sus arzobispos San Leandro y San Isidoro; la de Zaragoza por los prelados San Braulio y Tajón; la de Barcelona, por Quirico, su obispo; y la de Toledo, por los Santos Eugenios, Ildefonsos y Julianes. Estos insignes Prelados, acrecentaron el caudal científico que se había salvado después de la invasión de los Bárbaros. La ciencia y las letras brillaron esplendorosamente gracias a sus talentos y a la protección que las dispensaron siempre. Por su iniciativa se copiaron, cambiaron o compraron multitud de manuscritos con el mayor esmero, con una pulcritud y arte verdaderamente admirables. El carácter de letra toledano y el denominado isidoriano ponderan claramente la limpieza y el primor de los códices que se redactaban o copiaban. Las “Etimologías” de San Isidoro, especialmente, se copiaron con profusión, no habiendo catedral ni monasterio de España que no poseyesen de ellas uno o dos o más ejemplares, siendo no pocos los Archivos y Bibliotecas de Francia, Italia y Alemania que poseían, guardándolas como verdadero tesoro, la famosa enciclopedia del insigne Arzobispo hispalense. Pues bien, el mismo orden que admiramos en la organización espiscopal, catedralicia y cenobial, en los tiempos de la reconquista, que conocemos mejor, por haberse conservado códices y documentos, hemos de suponerlo en el régimen de las Iglesias y Sedes Episcopales y en el de los Monasterios que existían y florecían durante el período de la Monarquía gótica. Ninguna otra nacionalidad coetánea de la visigoda iguala a ésta, en el orden literario. Las relaciones entre los egregios Prelados citados y los Sumos Pontífices y Reyes y Príncipes y otros dignatarios eran contínuas. Bien puede suponerse, por consiguiente, que se vieron ellos y las Catedrales y Monasterios favorecidos con numerosos Privilegios y con las concesiones y otorgamientos de muy diversas personas. Como timbres de gloria guardaba la Iglesia sus manuscritos. Lo propio hacía con los documentos. Siendo éstos tan en número, claro está que tenían que clasificarlos y ordenarlos y de pensar es que debieron copiarlos, cuando menos los más interesantes y principales, en libros grandes, con los cuales se asegurase su manejo y conservación. San Gregorio de Tours en el siglo VI y el Venerable Beda y otros autores, nos hablan de “Chartarum tomi”, en el sentido de Cartularios. El docto Dom de Vaines, religiosos benedictino de la Congregación de San Mauro, en su “Dictionnaire raisonné de Diplomátique”, Paris, 1774, (t. I, pág. 227), afirma que el origen de los Cartularios puede establecerse en el siglo 8º, pues en los “Ann. Benedict.” (2, p. 145) se indica que un monje del Monasterio de Fontenelle, que murió en 749, transcribía en un libro cartas de donación. Mabillón, insigne autor de la obra “De re diplomatica libri sex” (Paris, 1681), (lib. I, cap. 2, págs. 7 y 8 y lib. 3, págs. 235 y 237), manifiesta que el monje Folcuin, de la Abadía de San Bertín, que vivía a finales del siglo X es el autor del Cartulario más antiguo de Francia. En España no se conserva ningún cartulario anterior al siglo X. Los que subsisten, son del siglo XI al XIV, por regla general. Los hay de siglos posteriores pero casi siempre suelen ser copias de otros más antiguos. De la mucha antigüedad de los Cartularios eclesiásticos de España de testimonio la escritura de restauración del Monasterio de Samos, otorgada en 934, en la cual se manifiesta que las escrituras de dicha casa se hallaban en el tesoro de San Salvador de Oviedo: “Por lo cual el restaurador Don Berila envió monjes al rey D. Fruela, a Oviedo, para pedirle el “Cartulario”, a lo que accedió de acuerdo con el obispo Don Oveco, enviándole a Don Berila con un libro de los Morales el tal Cartulario, en el que había cincuenta y nueve cartas...” (P. Risco, t. XL, España Sagrada; y Villa-Amil y Castro: “Los Códices de las Iglesias de Galicia en la Edad Media”, Madrid, 1874). Es este un testimonio que acredita la antigüedad de los Cartularios en nuestra patria”. (...) [págs. 11-13]
Cartularios y abreviaturas
(...) “Los Cartularios, en su gran mayoría, son del siglo XII al XIV. Coinciden con el esplendor de las letras francesas y de privilegios. Así se explica, pues, que el mucho tiempo que requería el trazado de la letra de dichos códices y la mucha materia escriptoria que se empleaba se compensasen con las muchas abreviaturas. En los Cartularios de los referidos siglos se pueden estudiar perfectamente los sistemas braquigráficos. Los copistas abreviaban las palabras ordinariamente siempre de la misma manera. Podían declinarse y conjugarse abreviadamente los nombres y los verbos. Las mismas clases de abreviaturas que observamos en los documentos en general vemos en estos códices medioevales. He ahí las abreviaturas en uso en los mismos: Sigla, apócope y síncopa; signos generales y especiales de abreviación. De estos últimos unos representan una letra, otros una sílaba, otros toda una palabra o frase. Letras sobrepuestas, ya vocales, ya consonantes; letras enlazadas, encajadas y conjuntas y por fin letras numerales. Con las escrituras de albalaes y sobre todo con las cortesanas y procesales las abreviaturas disminuyen notablemente, siendo asimismo menos el número de los documentos en romance que en los en latín.” (...) [págs. 19-20]
NOTA. El ejemplar consultado ha sido el conservado en la Biblioteca del Centro Superior de Investigaciones Científicas de Madrid. Al principio aparece una nota manuscrita del autor con una dedicatoria a Claudio Sánchez-Albornoz que dice así: “Al Ilustrísimo Sr. / Doctor Don Claudio Sánchez Albornoz, / Catedrático de la Universidad central y / de la Real Academia de la Historia. / El autor.”
Madrid, 24 de Enero de 2008
Alfonso Sánchez Mairena
Cuerpo Facultativo de Archiveros, Bibliotecarios y Arqueólogos
21 enero, 2008
MEDIEVALUM.COM
Nuevo "blog" sobre Medievalismo hispano.
New Hispanic Medievalism Blog
Nouevelle blog de Medievalisme hispanique
En la Sección "Blogs" de Cartularios Medievales, se ha incorporado el enlace a un nuevo "blog" sobre temática medieval hispánica, en el que las noticias sobre todos los temas se ofrecen a los lectores de este ámbito de la Historia de la Civilización.
No sólo podemos estar al día sobre noticias arqueológicas, sino que las novedades bibliográficas, así como las noticias sobre documentos pueden seguirse con regularidad.
La edición arranca de mayo de 2004, con lo que la publicación tiene ya una consolidación y solera en la web. Los artículos se agrupan en áreas temáticas o categorías (libros, medicina, música, gastronomía, archivos...), que son accesibles a las "summae" de artículos en el margen superior derecho de la publicación, que también pueden ser localizados por el criterio cronológico de su fecha de edición.
Estamos ante una publicación sencilla y amena que nos ayuda a estar al día de noticias sobre el medievalismo.
Debemos congratularnos, pues Internet permite que las pocas, pero buenas, publicaciones y recursos sobre medievalismo podamos contactar e interoperar.
Felicitamos al editor.
Madrid, 21 de enero de 2008.
Odoario
28 diciembre, 2007
EL ARCHIVO DE LA CATEDRAL DE MÁLAGA
Su primera organización a partir del inventario de 1523
The Archive of the Cathedral of Malaga, Spain. Its organization from the first Inventory known of 1523.
L’Archive de la Cathédrale de Málaga, Espagne. La mise en place des premiéres archives aprés le texte du premier inventaire connu de ces archives du 1523.
Es pasado día 22 de diciembre se ha publicado el trabajo titulado “El Archivo de la Catedral de Málaga. Su primera organización a partir del inventario de 1523” de nuestro colaborador Alfonso Sánchez Mairena, disponible en formato electrónico en la revista e-Spania, 4, diciembre 2007, ISSN electrónico 1951-6119, Universidad Sorbona (Francia) [Edición electrónica, publicada el 22 diciembre 2007. URL: http://e-spania.revues.org/document3243.html].
En él se aborda la primera organización archivística de la Catedral de Málaga, institución restaurada por los Reyes Católicos en 1487. Se contrastan distintas fuentes documentales como los primeros Estatutos (1492), las primeras actas capitulares (1492-1518) y el texto del primer inventario conocido del archivo (1523). Se realiza un análisis comparativo retrospectivo para establecer las instituciones que producían los documentos y las que se encargaban de su control y de la conservación de la memoria escrita. La finalidad perseguida es establecer una visión sobre el estado de la organización y funcionamiento de una institución archivística en un momento crucial en la transición entre las prácticas archivísticas y documentales bajo medievales en la Corona de Castilla – León y los primeros años de la Edad Moderna en una ciudad donde se instaura ‘ex novo’ una nueva sociedad castellana a partir del proceso repoblador de estas tierras meridionales de España a partir de 1482. Esta visión es necesaria para posteriores estudios que permitan rastrear la evolución de instituciones documentales y las prácticas de conservación y organización medievales de la memoria escrita en distintas instituciones catedralicias hispanas.
El trabajo comienza con una Introducción avisando al lector sobre la singularidad de este estudio en una instititución de nueva creación en Málaga en los momentos de la reintegración al ámbito cultural occidental en 1487 por los Reyes Católicos durante su proyecto de conquista del Reino nazarí de Granada, último balurte muslime en la Península Ibérica. Del gran conjunto de estudios sobre distintos aspectos de la repoblación de los siglos XV y XVI que dieron lugar a la nueva sociedad malagueña, antecedente directo de la sociedad actual, y los múltiples aspectos históricos y especialmente artísticos, el autor hace hincapié en que han sido muy pocos los documentos dedicados a la catedral y a la Iglesia malacitana, a pesar de que el archivo catedralicio supone la primera fuente documental para ello, siendo notoriamente escasos los estudios documentales (diplomáticos, paleográficos, codicológicos, fuentes documentales) y especialmente sobre la historia del propio archivo y de sus funciones.
La originalidad de esta institución estaría en aportar información sobre la primera organización archivística de la Iglesia malacitana, es decir, nos encontramos ante la formación de un archivo ex novo, según la información que aporta el Inventario de 1523, el más antiguo conservado, así como las noticias de las primeras actas capitulares y de los primeros estatutos de 1492. Las últimas noticias fehacientes sobre archivos eclesiásticos en la región de Málaga conocidos hasta el momento procederían del Apologético del Abad Samsón, códice de origen mozárabe escrito en el siglo IX.
El estudio se estructura en torno a dos grandes campos de análisis: las instituciones productoras de documentos y las encargadas del tratamiento archivístico y de la conservación de la memoria escrita de la Iglesia malacitana.
En el primer gran apartado, titulado La creación de la memoria escrita: la producción de documentos, se trae a colación dos interesantes tesis. El planteamiento de una joven investigadora, Leonor Sierra (Universidad de Alcalá de Henares, Madrid) que, a nuestro entender, en sus estudios sobre la producción documental altomedieval hispana plantea que sería posible rastrear una tradición archivística hispana mediante la comprobación de la hipótesis por la que los archivos proliferarían y se desarrollarían como sistemas de conservación y transmisión de la memoria escrita conforme se asista a un proceso de aumento de la producción de documentos escritos, sustentado por una estructura jurídica estable. Esta dinámica medieval estuvo muy vinculada a las instituciones eclesiásticas, las estructuras más estables durante todo el medievo. Seguidamente se menciona la línea de investigación planteada por Concepción Mendo Carmona (Universidad Complutense, Madrid) que en su tesis sobre la producción escrita altomedieval abordó el estudio del archivo de la catedral de León para relacionar la estructura del misma con la elaboración documental, con los productores de los documentos y con los distintos sistemas gráficos utilizados.
En este primer apartado se identifican y analizan las instituciones productoras de documentos como los notarios apostólicos, el pertiguero, el apuntador o mayordomo, y los visitadores. Seguidamente se aborda las figuras relacionadas con la supervisión de la producción y con la conservación documental como eran el deán, el chantre, el maestrescuela y el tesorero. Análisis en el que podremos acercarnos a la existencia de una Escuela de Gramática a cargo del maestrescuela.
El segundo gran apartado se titula La gestión de la memoria escrita: el proceso archivístico y forma el grueso del ensayo. Este apartado comienza con la cita a dos interesantes tesis basadas en la realidad documental de los cartularios medievales, como el documento más característico de los archivos eclesiásticos medievales, cuya naturaleza y transformaciones pueden perfectamente extraporlarse a la realidad y la evolución de los archivos eclesiásticos. Por un lado, se cita la caracterización de la naturaleza de los cartularios en todas sus funciones, siendo una de ellas la archivística. Por otro lado, se trata sobre la interesante tesis de la profesora Mendo Carmona sobre la evolución detectada en la función de los cartularios que de ser instrumentos jurídicos y administrativos en los siglos XII y XIII pasan a ser verdaderos instrumentos archivísticos en los siglos XVI al XVIII, evolucionando hasta ser una versión sui generis de los inventarios de documentos. Por ello, de nuevo la realidad institucional y documental de la Iglesia malacitana son de gran interés por situarse en los momentos de esta transición desde el mundo medieval al moderno.
Respecto a la conservación de los documentos se explica la existencia de distintos depósitos que se correspondería a un embrionario sistema archivístico interno estructurado en torno al archivo del notario apostólico en ejercicio (equivalente a un archivo de gestión) identificado con el escritorio del mismo; en segundo lugar estaría el armario donde se conservaban los documentos de la gestión cuyo uso ya no era corriente (equiparable, mutatis mutandis, con un archivo central), accesible por los capitulares y por el secretario capitular; luego, existiría un archivo de seguridad o secreto ubicado en un arca custodiada en la sacristía o tesoro de la catedral, cuyo acceso estaba controlado muy estrictamente por el deán y otras dignidades; en este cofre se custodiarían los documentos más importantes como los derechos y los títulos constitutivos, no solo de la catedral sino de toda la Iglesia malacitana. Junto a este sistema, como indica el autor, si no centralizado, con tendencia a la concentración de fondos, estaban los archivos particulares o de gestión de cada dignidad o cargo con funciones burocráticas para el ejercicio de sus tareas como el mayordomo, los capellanes o los notarios apostólicos.
La instalación de los documentos se realizaba en torno al formato, sea o no codicológicos, en virtud de si se formaban encuadernaciones (libro, cuaderno) o no (legajo, envoltorio, atado o agrupación documental). El estudio de estas realidades es muy interesante, especialmente, para poder detectar como fueron desmembradas estas unidades en las reorganizaciones de los siglos XVII y XVIII.
La organización de los fondos documentales se realiza a partir del análisis del Inventario de 1523 y de su contraste con otras fuentes como las Actas Capitulares y documentos concretos del archivo. En este apartado se ofrece un cuadro de clasificación ideal, con la única finalidad de ilustrar la exposición, pues aunque no existen fondos y series documentales en el sentido moderno, sí se detecta una tendencia al agrupamiento de los fondos en virtud de los productores y a una ordenación embrionaria de los mismos por asuntos o materias, y dentro de ésta los documentos tendían a una ordenanción cronológica. Son interesantes las reflexiones sobre la categoría denominada “agrupaciones seriadas” y la comparación que se hace entre la naturaleza de la información de este inventario y el repertorio de la catedral hispalense de finales del siglo XV.
En el apartado sobre el control y el movimiento de los fondos se comienza con la normativa archivística, de la que se detectan tres naturalezas: los Estatutos, las normas capitulares y las ordenes de la Corona en virtud del ámbito del Patronato Regio al que estaba sometido la Catedral de Málaga así como todas las instituciones eclesiásticas del Reino de Granada.
Es interesante la recopilación e interpretación sobre los instrumentos de control conocidos y los rastreables en las fuentes documentales. Pudiéndose comprobar, que aunque apenas se hayan conservado instrumentos, la práctica ya consolidadada en las catedrales bajomedievales hispanas de los “conocimientos”, los repertorios y los inventarios se utilizaron en el archivo de la catedral malacitana. El inventario de 1523 tiene el gran valor de ofrecernos una visión equiparable a una fotografía describiendo el estado del archivo catedralicio antes de su desintegración en las posteriores reorganizaciones de los siglos XVII y XVIII, fundamentalmente, en las que el autor llega a percibir cierta pérdida de la memoria institucional por los capitulares en relación a su archivo.
El apartado sobre los ingresos y salidad de documentos ilustra sobre cuatro procedimientos identificados. Sigue una reflexión sobre la política general de concentración de fondos documentales en archivos de la Edad Moderna. Finalmente, se acaba el estudio con un acercamiento a los procedimientos de control del acceso y sobre los responsables de la custodia del archivo.
Las conclusiones finales indican que la realidad del archivo de la catedral de Málaga en el siglo XVI sigue los modelos consagrados en la tradición bajomedieval del resto de catedrales hispanas. Que estaríamos ante un embrión de sistema archivístico organizado con tendencia a la concentración de fondos documentales a partir de sus distintos y diversos productores. No se detecta la existencia de la figura del archivero catedralicio específico, cuyas funciones eran realizadas simultáneamente por una serie de dignidades como el deán, el tesorero, el chantre y el maestrescuela, junto a notarios apostólicos y canónicos con alguna delegación concreta.
Aunque no se menciona en los Estatutos de 1492, como indica el autor, la propia elaboración de esta norma canónica y su formato codicológico indicarían la existencia de un Scriptorium de la catedral, como lugar en el que diferentes diginidades, escribas y notarios trabajarían en la elaboración de libros y cuadernos, especialmente, en formatos solemnes.
El análisis y las conclusiones que se ofrecen están contextualizadas con noticias de otras catedrales bajomedievales andaluzas y del resto de la corona castellano-leonesa, con el objetivo de poder identificar procesos que perminan identificar la permanencia o la evolución de los elementos de la tradición medieval hacia las nuevas realidades modernas. En este sentido las fuentes usadas y la realidad de la catedral de Málaga son un excelente campo de estudio. Por ello, estos trabajos de A. Sánchez Mairena no son definitivos, sino que profundizan a partir de otros trabajos que prepararon el terreno como los del archivero catedralicio Vidal González Sánchez y, especialmente, con anterioridad, los del profesor Ángel Riesco Terrero. Todavía queda mucho campo por investigar acerca de la historia archivística a partir del archivo de la iglesia malacitana.
El trabajo finaliza con un apéndice con la transcripción del Inventario de 1523. Debido a los sistemas de edición internos de la aplicación informáticas, el símbolo de la unidad de millar trazado en formato tironiano habitual en las cuentas de los siglos XV-XVII ha sido sustituido anómalamente por una interrogación. Los asientos han sido numerados por el autor a fin de poder facilitar la localización de las citas.
El trabajo es accesible en formato electrónico, que permite su reenvío por correo-e y su impresión directa. La URL de acceso se indica al comienzo de este artículo. En la sección Biblioteca Digital de este Blog se ofrece también un enlace directo al mismo.
e-Spania (Revue électronique d’études hispaniques médiévales = Revista electrónica de estudios hispánicos medievales)
Revista electrónica está editada en la infraestructura informática para publicaciones electrónicas de la Universidad de la Sorbona (SEMH-Sorbonne, CLEA, EA 4083 y SIREM, GDR 2378 del CNRS) con apoyo de la Escuela de doctorado-IV de la Unviersidad París-Sorbona. Como indica su director, George Martin, su creación responde en el contexto de los grandes desarrollos que están conociendo los estudios hispánicos medievales en el curso de la última década. La revista edita dos números anuales, el actual es el cuarto. El contenido ofrece la edición de dosieres monográficos producidos en el contexto de los centros de investigación hispanista franceses donde colaboran investigadores extranjeros, especialmente europeos. La tercera sección Varia está dedicada a propuestas de investigación espontáneas aceptadas por el comité científico. En este apartado se encuadra en trabajo que comentamos.
La publicación está abierta a la recopilación de estudios lingüísticos, literarios y históricos que traten sobre la península Ibérica en la Edad Media, aunque el eje de interés principal está enfocado a la reflexión sobre una historia de los poderes en el ámbito castellano-leonés. En este marco, tienen gran interés los estudios sobre historiografía y sobre iconografía. Por otro lado, e-Spania promociona y volora la historia de las mujeres del poder.
El proyecto está dirigido por Georges Martín (Universidad Paris-IV) en colaboración con toda la infraestructura de investigación auspiciada por el Colegio de España, con ramas en las universidades de Lyon, Burdeos y Tolosa.
Esta revista en formato electrónico aparece en el momento en el que las revistas universitarias en papel parecen quedar desfasadas. Cada día se confirma que tanto el investigador como el estudiante, cada vez más acostumbrado a los recuros de acceso en red y electrónicos, más cómodos, rápidos y económicos, busca más las ediciones electrónicas, en un momento en que éstas pueden ofrecer la misma buena calidad que las publicaciones tradicionales.
El formato electrónico evoluciona a partir de las páginas tradicionales, que son sustuidas por una numeración secuencial de los párrafos que sirve para la cita. Se mantiene el tradicional sistema de notas, que el formato electrónico hace más cómodo, pues el lector solo tiene que pulsar con el ratón sobre el número de la nota o sobre el link del margen derecho con las primeras palabras de la cita; acto seguido con solo pulsar sobre un botón de retroceso se vuelve al lugar de la lectura. El formato electrónico permite también la cómoda navegación a partir de un índice al comienzo del artículo, tras los resúmenes, que, mediante un sistema de anclas, permite ir al comienzo de cualquier apartado.
El lector puede enviar aviso con enlace de acceso al artículo electrónico a cualquier dirección de correo-e que precise en un sencillo interfaz que aparece al pulsar sobre el icono de un sobre postal en la cabecera de la página de cada artículo.
Una vez en el portal de e-Spania, el autor elige el número de la revista, seguidamente se accede a un micrositio con el índice del volumen, y a partir de ahí se pulsa en el enlace que permite acceder a cada artículo.
Madrid, 27 de diciembre de 2007
Odoario
19 diciembre, 2007
ÚLTIMA ACTUALIZACIÓN
El martes 18 de diciembre de 2007 ha sido actualizado el blog de "Cartularios medievales" con los siguientes contenidos:
1) Nuevo artículo "Noticias sobre archivos romanos y eclesiásticos altomedievales en Málaga (Andalucía, España)".
2) Actualización de la sección de Bibliographica Chartularia con la incorporación de cuatro nuevos títulos, a petición de un anónimo/a usuario/a:
- RODRÍGUEZ DÍAZ, E.E.: El Libro de la Regla Colorada de la catedral de Oviedo. Estudio y edición. Oviedo: Real Instituto de Estudios Asturianos, 1995 [Estudio codicológico, paleográfico, de tradición documental y edición completa del cartulario ovetense de 1384 conocido como "Regla Colorada"].
- RODRÍGUEZ DÍAZ, E.E.: "Notas codicológicas sobre el llamado Testamento del Rey Casto", Asturiensia Medievalia, nº 8, Oviedo, 1995-1996, pp. 71-78. Y M.ª J. SANZ FUENTES et alii: Testamento del Rey Alfonso II el Casto. Volumen de Estudios a la edición facsímil. Made Ediciones, 2006 [En ambos trabajos se considera este documento como el primer cuaderno de un cartulario del siglo X].
- RODRÍGUEZ DÍAZ, E.E.: "Elaboración, uso y función de los códices del 'scriptorium' episcopal ovetense a fines del siglo XIV", Historia. Instituciones. Documentos, nº 19, Sevilla, 1992, pp. 403-411 [Estudio codicológico comparativo de cuatro cartularios elaborados en la catedral de Oviedo a finales del siglo XIV].
3) Se ha creado una nueva sección de bibliografía especializada en Historia Archivística, bajo la denominación genérica de Bibliographica Rerum Archivorum.
4) Inclusión de una nueva encuesta sobre la naturaleza de los cartularios medievales.
5) Otro anónimo comunicante nos indicaba que en la Biblioteca del Monasterio de San Millán de la Cogolla (www.fsanmillan.org/biblioteca) se puede acceder a un cartulario del siglo XIV, enteramente digitalizado, aunque la entrada indique que el "bulario" data de 1616, a esa fecha sólo parece corresponder la encuadernación.
Al ir a comprobar este dato, no se ha podido acceder a la web de la Fundación San Millán mediante la escritura de la URL en el programa navegador, no ha funcionado, apareciendo pantalla de no conexión con esa web. Sin embargo, al escribirla en "google" aparece enlace tanto a la fundación como a la biblioteca, pero la web que se carga no ofrece enlace a la Biblioteca; de la misma manera el registro de los resultados que lleva a ese servicio tampoco funciona. Hemos contactado con la Fundación, quedando a la espera de su contestación. Esperamos en breve poder ofrecer un enlace a tan interesante Biblioteca y ofrecer un artículo sobre ese cartulario.
Los comentarios de los lectores de "Cartularios medievales" han sido editados junto a la entrada o artículo en que fueron vinculados por sus autores.
Agradecemos mucho las sugerencias e informaciones de estos últimos anónimos lectores.
Publicación de artículos en "Cartularios Medievales"
También queremos indicar que si algún lector estuviera interesado en elaborar su propia noticia, hacer una lectura sobre cualquier libro o artículo publicado, o hacer indicaciones, pueden seguir usando las vinculaciones de mensajes o comentarios a los distintos artículos de "Cartularios medievales". En caso de que se quiera ofrecer una publicación, el lector debe indicar un correo-e al que nos pudiéramos dirigir para ampliar el contacto. Estos mensajes o contactos nunca sería publicados en el "blog".
Un cordial saludo a todos los lectores de "Cartularios Medievales".
Meo caro amico, mea cara amica, Bene valete.
18 de diciembre de 2007.
Odoario