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13 febrero, 2011

"Incipit Breviarium de omnibus sanctis": Un códice Breviario de la Catedral de Lugo (siglo XIII)

"Here start the Breviary of all the Saints": The Breviary Book of the Cathedral of Lugo (Spain, XIIIth Century).
"Ici commence le Bréviaire de touts les Saintes": Le Livre Bréviaire de la Cathèdrale de Lugo (Espagne, XIIIème siècle).


Archivo catedralicio de Lugo, Breviario lucense, fol. 2r.
En el actual Archivo del Capítulo Catedralicio de Lugo (Galicia, España) se conserva un interesante monumento de la civilización medieval hispana. Es un manuscrito que manifiesta todas las características propias de haberse producido en un Scriptorium eclesiástico, probablemente vinculado a esta catedral, con un gran sabor escolástico.

El manuscrito está encuadernado con tapas de madera de nogal, forradas de piel o badana. Sus folios están escritos sobre pergamino, y destacan sus letras capitales, de sencilla factura y policromía en rojo y azul. Está confeccionado con escritura gótica libraria; abarca unos 427 folios; y presenta actualmente las dimensiones de 240 x 175 mm.

El manuscrito viene siendo conocido como Misal o Breviario lucense, aunque recientemente ha sido objeto de un proyecto de digitalización valorando su naturaleza de códice musical medieval y ha sido denominado como "Codex lucense" o "Codex of Lugo". Esta última denominación se entiende dentro de un catálogo internacional de manuscritos musicales medievales, en el que el Breviario de la catedral lucense ocupa un lugar destacado. Pero, creemos que la denomianción no es la más apropiada, dado que desde el siglo XVI se usaba la denominación de "Códice lucense" para denominar a un libro altomedieval que existió en esta catedral que compilaba los cánones y concilios de la Iglesia hispana. Este códice fue identificado por Ambrosio de Morales en el siglo XVI y fue donado por el obispo lucense al rey Felipe II, pasando a engrosar los fondos de la Biblioteca Real del Escorial (Madrid). En el incendio de la biblioteca real a mediados del siglo XVII se perdió este importante manuscrito representativo del Derecho Canónico hispánico, aunque se han conservado varias transcripciones del mismo. Por tanto, la denominación más adecuada para el Misal lucense que aquí tratamos sería la de Breviario, entre otras razones, porque el manuscrito consta de un "Incipit" en el que se menciona expresamente esta tipología documental, y que hemos transcrito en los titulares de este artículo.

La lectura de sus páginas muestran como no se lo puede calificar específicamente como un Misal en sentido estricto, puesto que no es un libro destinado a la celebración de la misa ordinaria, sino que es más bien una guía con la selección abreviada de cánticos y textos litúrgicos con los que proveer las horas del Officium divino. El manuscrito contiene las apropiadas antífonas musicales anotadas para cada una de las misas del rito gregoriano imperante en el siglo XIII, junto al catálogo de santos sin oficio específico a los que proveer de un acto litúrgico cantado, así como asistirlo con una lectura sagrada.

Según Manuel Rey el manuscrito originario estaría compuesto de dos volúmenes, un santoral, que es el códice conservado en la catedral lucense, y otro volumen dedicado a la medida del tiempo, que no se conservaría.

El contenido del Breviario responde al rito romano, aunque algunas piezas manifiestan peculiaridares hispánicas propias. El rito romano es el reflejo de la Reforma Gregoriana, que fue adoptada en el Reino de Castilla y León a partir de la celebración del Concilio del Concilio de Burgos en el año 1080, durante el reinado de Alfonso VI, tras la adopción por la Iglesia de Barcelona en el año 1060. No obstante, la supresión del rito hispano visigótico o mozárabe no fue total, puesto que permanecieron tradiciones y resistencias en muchas áreas.

El Breviario lucense como manifestación escrita del medievo contiene interesantes noticias sobre la cultura medieval hispánica. Por ejemplo, destaca por una recopilación de milagros de Santiago que tuvieron lugar en la Península Ibérica hasta principios del siglo XII, aunque no hace referencia a la batalla de Clavijo, de la misma manera que la Historia Compostelana no hace ninguna mención al Voto de Santiago.

Un códice musical

Normalmente la música medieval se ha conservado a través de fragmentos, y el Breviario lucense se ha conservado completo, por lo que este códice se convierte en un importante testimonio de la música medieval para usarlo como fuente de investigación para compararlo con otros códices y fragmentos conservados. De hecho, el Breviario de la vecina catedral de Orense (siglo XIV) no contiene notación musical, y hay que esperar hasta el Breviario de la catedral de Compostela (siglo XV) para acceder a otro Breviario con notación musical en el área galáica.

Este manuscrito se une a otros ejemplares que han sido objeto de atención en este "blog", como el Tumbo Viejo de la catedral lucense. El Breviario y el Cartulario manifiestan muchos elementos en común, puesto que ambos fueron producidos en el Scriptorium de la catedral de Lugo en el siglo XIII, independientemente de los usos y finalidades de cada uno. En el caso del Breviario consistió en el uso como códice musical, que refleja una fusión de las tradiciones polifónicas ibérica y francesa. De hecho, actualmente es valorado por los principales musicólogos españoles e internacionales, que, junto al Codex Calixtinus de la Catedral de Santiago de Compostela, son las principales manifestaciones de la música polifónica medieval hispánica.

El Breviario lucense presenta notación musical de tipología aquitana, pero lo más interesante es la grafía que se utiliza, manifestando hasta tres variedades distintas relacionable con las distintas manos que trabajaron en su compilación. De hecho, aunque todos los Scriptoria parten de una tradición común no dejan de ofrecer soluciones propias a la notación musical. La notación aquitana se escribe sobre líneas rojas, presentando notables diferencias con el códice de Fernando I de la catedral compostelana.

El proyecto de difusión fácsimil digitalizado en Internet

Tiene lugar en una Web con la dirección: The Lugo Codex (El Códice de Lugo). Su finalidad consiste en permitir el acceso al Códice dentro de una Red especializada para investigadores musicólogos. Consta de una base de datos de libre acceso, que compara términos específicos de búsqueda con los que puedan aparecer en otros códices musicales producidos en el antiguo Occidente medieval y preservados en numerosas instituciones culturales - archivos, bibliotecas y museos - europeos y de otros continentes. En estos momentos está disponible una edición digital de todos el códice en su estado actual, es decir, no restaurado. Para facilitar la lectura se ha llevado a cabo un programa de restauración digital mediante el tratamiento de las imágenes. El sitio ofrece una sencilla página de enlaces a los principales recursos de manuscritos musicales medievales en Internet.

Aunque en la información de contexto de la Web queda clara la procedencia de la Catedral de Lugo, la posibilidad de descarga de las imágenes sin ningún tipo de marca de agua o de metadatos explícitos, permitirán que este monumento del patrimonio documental pueda ser capturado, copiado y usado en el piélago de Internet, corriéndose el riesgo de que su procedencia y contexto pueda quedar anulada dentro de la extensa gama de usuarios de la Red. Es más, la reproducción digital del manuscrito y su ofrecimiento en una Web especializada - aunque tiene un gran mérito que debemos reconocer por rescatar y esforzarse por difundir este rico monumento de nuestro patrimonio -, en la práctica puede convertirse en el espacio editor del manuscrito digitalizado y suplantar la identidad de la procedencia verdadera. Este es un riesgo, que puede que no sea tanto en un futuro, pero que creemos que es conveniente de expresar.

La investigación

En 1915, el canónigo archivero de la catedral lucense, Inocencio Portabales realizó un estudio fundamentalmente litúrgico en el tomo I del "Abecedario de la Santa Iglesia Catedral Basílica de Lugo".
Durante generaciones este códice ha pasado desapercibido para los investigadores, tanto aficionados como profesionales. En el año 1982, José López Calo hizo una descripción de este Breviario musical en el contexto de la música en la Galicia medieval (La música medieval en Galicia. S.l.: Fundación Pedro Barrié de la Maza, 1982).

Manuel Rey Olleros estudió el Breviario lucense para profundizar en la notación musical del Codex Calixtinus compostelano a partir de su comparación con el breviario lucense. (Reminiscencias del culto al apóstol Santiago, a partir del Códice Calixtino, en los libros litúrgicos de los siglos XII al XV en la antigua provincia eclesiástica de Santiago. Universidad de Santiago, 2010; pp. 158-162. Tesis doctoral).

En 1993, Xosé Fernández Fernández publicó una interesante descripción codicológica del manuscrito, en lengua gallega - fácil de comprender para el lector español, dada las similitudes existentes entre estas dos lenguas hermanas - ("O Misal lucense, singular texto litúrxico do arquivo da catedral", Lvcensia, 6, 1993, pp. 71-84). Este trabajo asumía la interpretación litúrigica del canónigo Portabales y abunda en la historia y la descripción codicológica del manuscrito. Relaciona a este manuscrito con el Libro de Rezos de Fernando I de la catedral de Compostela, y al canto eugeniana de la liturgia visigótica; aspectos que otros autores como M. Rey ponen en duda vinculándolo más a la realidad del Codex Calixtino compostelano.

Recientemente, Manuel Rey Olleros, especialista en Historia de la música medieval, ha comenzado un estudio del Breviario lucense. Analizará esta fuente del siglo XIII, haciendo especial hincapié en la transcripción musical, y comparará el manuscrito en cuanto a sus notaciones y música sagrada con las presentes en el Breviario de Miranda, del siglo XV, preservado en el Archivo de la Catedral compostelana [Archivium Sancti Iacobi, 15 octubre 2010].

A estos trabajos se une la iniciativa Web "The Lugo Codex", con el interesante valor añadido de comparar el contenido del Breviario con otros manuscritos musicales medievales en relación a su contenido y sus particularidades musicológicas.

La restauración del manuscrito

En 2010, el cabildo catedralicio de Lugo ha tomado la iniciativa de proceder a la restauración del manuscrito. En esta labor ha recabado la ayuda del Ministerio de Cultura, que ha contribuido financiando el coste con 10.000 euros (Orden CUL/3274/2010 de 3 de diciembre. BOE 20 octubre 2010). Colaboración en la que hemos de felicitarnos todos y es deseable que continue en los sucesivos años, no solo a esta institución, sino al resto de catedrales e instituciones religiosas españolas que conservan tantos tesoros de nuestra memoria escrita medieval.

Madrid, 13 Febrero de 2011
Alfonso Sánchez Mairena
Editor http://cartulariosmedievales.com/

Arteguías.com. Orquesta celestial. Tímpano gótico de la Catedral de León
Coro Catedral de Lugo. España.

28 septiembre, 2010

EL SCRIPTORIUM MEDIEVAL: EL TALLER EN EL QUE SE PRODUCÍAN LOS CARTULARIOS

The Medieval Scriptorium: The Workshop where Cartularies were made.
Le Scriptorium médiéval: L'atelier dans le quel les Cartulaires étaient fabriqué.

El Cartulario es un tipo documental escrito medieval que tuvo su época de apogeo, es decir, de mayor producción y difusión, entre los siglos XI y el XIII. En otras palabras, el cartulario podríamos comprenderlo también como una manifestación de la Civilización del Occidente medieval y, concretamente, de la sociedad del Románico.

Michael Clanchy, uno de los mejores conocedores de la cultura escrita del Occidente medieval, ve al documento escrito, ya sea éste un testamento, un diploma real, un cartulario o un registro como el producto de una tecnología propia del medievo europeo.

Los Cartularios como documentos escritos son, por tanto, el producto de un taller especializado en el arte de la escritura monumental que generalmente se conoce como Escritorio, en lengua española, y Scriptorium en lengua latina.

En sentido literal, el "Scriptorium" es definido como el lugar destinado a la escritura, que comúnmente se refiere al lugar, habitación o cámara que en la Europa medieval se destinaba fundamentalmente en los Monasterios para la copia de manuscritos por los monjes escribas. A partir de diferentes fuentes escritas, registros de cuentas, vestigios arquitectónicos y excavaciones arqueológicas muestran, al contrario de lo que se cree popularmente, que este tipo de habitación sigularizada raramente existía: la mayoría de los manuscritos monásticos fueron hechos en huecos, hornacinas o celdas situadas en el claustro, o dentro de las propias celdas de los monjes. Las referencias que aparecen en los modernas investigaciones científicas referidas a los "Scriptoria" normalmente se refieren más a la actividad escrituraria colectiva que se hacía dentro de un monasterio, más que a una habitación o espacio singularizado.

Expondremos seguidamente una visión general sobre lo que a nivel de divulgación se indica que es un escritorio, escriptorio o Scriptorium. Para no confundirlo con una oficina documental de tipo cancilleresca o una oficina mercantil, muy habituales a partir de la Baja Edad Media, usaremos el término "Scriptorium" para referirnos a este taller especializado en la escritura de códices o documentos durante la alta y plena Edad Media fundamentalmente.



Un Scriptorium (pl. Scriptoria) es una habitación destinada a la transcripción de manuscritos.

Antes de la invención de la imprenta de tipografía móvil, un Scriptorium fue habitualmente un apéndice o anexo a la librería o biblioteca de una institución, generalmente eclesiástica. Trás la destrucción efectiva de las bibliotecas de la Antigüedad clásica, especialmente las del mundo romano, después de la promulgación de los decretos del emperador Teodosio en la década comprendida entre entre los años 390 y 400, y tras el colapso general de las instituciones públicas romanas, los "Scriptoria" fueron mantenidos, según los datos que nos han llegado, casi exclusivamente por las instituciones cristianas, desde comienzos del siglo V en adelante.

Las noticias que poseemos de los "Scriptoria" en Grecia y Roma son mucho más abundantes que acerca de los primeros escribas (lat. scriptores) y sobre los propios autores cristianos, sobre su organización y su control, y sobre sus misiones y relevancia social. La publicación de los textos en la Antigüedad clásica por lo común implicaba la copia efectiva de múltiples versiones textuales producidas en los "Scriptoria". En estos talleres, un manuscrito podía ser dictado cuidadosamente a un amplio grupo de escribas que trabajaban simultáneamente. Ésto implicaba o permitía la producción de varios duplicados al mismo tiempo, con la garantía de cierto control sobre la exactitud de la versión o transmisión textual.

En los monasterios, el "Scriptorium" era una habitación o espacio, raramente un edificio independiente, creado de forma diferenciada para los profesionales o especialistas en la copia de los manuscritos dentro de esa institución eclesiástica; un lugar donde la copia de los textos tenía garantizada el abastecimiento de los materiales e instrumentos necesarios en las rutinas del equipo o comunidad de escribas, y servía como trabajo manual conforme a lo que estipulaba la regulación de las reglas monásticas, pero permitiendo la elaboración del producto deseado. Los comentarios más tempranos sobre la Regla benedictina incluyen e insisten en la labor de transcripción como una de las ocupaciones comunes de la comunidad monástica. San Jerónimo vió en los productos del "Scriptorium" una fuente de ingregos para la comunidad monástica.

El papiro fue el soporte escriturario preferido en la Antigüedad, pero llegó a ser un producto muy caro con el tiempo y difícil de conseguir por los mercaderes, por lo que comenzó a ser sustituido por el pergamino. Durante los siglos VII y IX, muchos de los primeros pergaminos manuscritos fuero borrados y raspados para volver a usarlos como soporte escriturario, dando lugar a los "Palimpsestos". Muchos de los trabajos escritos de la Antigüedad con frecuencia se han conservado en la forma de estos palimpsestos. En el siglo XIII el papel comenzó a desplazar al pergamino. Dado que el nuevo soporte comenzó a ser más barato, el pergamino quedó reservado como soporte para los documentos más solemnes y elitistas dotados de una importancia singular.

Hasta que no se inventó la imprenta en el siglo XV, la escritura se realizaba a mano. La mayoría de los libros de las librerías monásticas debieron ser copiados, ilustrados y encuadernados en el mismo lugar en que se producían por los propios monjes o monjas, dentro de éste área singularizada en el complejo monacal o catedralicio, como era el "Scriptorium".

El contenido de las librerías consistía fundamentalmente en Biblias, en las que cada ejemplar a veces estaba constituido por hasta nueve grandes volúmenes debido a sus grandes dimensiones; Misales, Psalterios y otros libros destinados al servicio religioso y al culto. También solían encontrarse los escritos de San Gregorio Magno y otros Padres de la Iglesia, libros sobre Gramática latina y otras compilaciones destinadas a la enseñanza en las escuelas monásticas, episcopales o catedralicias. Estas últimas solían ser recopilaciones copiadas de fragmentos o textos completos de autores de la Roma clásica o Historias. Con el tiempo, las bibliotecas medievales se incrementaron con los trabajos de los juristas cristianos del medievo europeo, sobre Teología, Filosofía, Medicina y Lógica.

Normalmente un "Scriptorium" era una dependencia aneja a la librería; doquiera hubiera una biblioteca que por lo común pudiera asumir la producción del "Scriptorium", es decir, que éste trabajara para abastecer las necesidades de tal biblioteca. Situación esta ideal que no se debió dar dentro de una misma institución durante todos los siglos del Medievo. De hecho, parece que una vez que la librería de la catedral o del monasterio estaba satisfecha cesaba la actividad del escriptorio. Además, a partir del siglo XIII comenzarón a desarrollarse las tiendas especializadas en la venta de libros, dentro del contexto de secularización de la cultura que se manifestó especialmente durante esta centuria. También los escribas profesionales comenzaron a tener sus tiendas o escritorios abiertos al público de las ciudades; aunque normalmente en estos últimos, probablemente no se tratara más que de un simple escritorio o banco próximo a una ventana dentro de su propia casa.


Fresco de J. W. Alexander. Library of Congress (USA).

Muchas veces el "Scriptorium" era la dependencia del monasterio que tenía más actividad. Los libros eran constantemente copiados y renovados; muchas cartas y documentos necesitaban ser escritas y archivadas; y los códices manuscritos tenían que ser transcritos e iluminados. En algunos sitios, como en el Norte de Europa, debido al clima más frío y húmedo, estos talleres eran construidos completamente con madera al norte de los claustros, protegidos por los muros de la Iglesia del viento del norte y orientados al mediodía para aprovechar la máxima exposición de la luz del diurna. Cada "Scriptorium" era una unidad independiente, separado y diferenciado de sus vecinos. En otros lugares se disponía de unas buenas instalaciones preparadas 'ex professo' para realizar este trabajo, y que corrientemente eran construidos y acondicionados sin dejar mucho rastro en las fuentes. El fuego estaba prohibido en el "Scriptorium", dado que los códices más valiosos debían ser protegidos de los peligros del fuego y de la cera hirviendo.

Instrumentos y herramientas del Scriptorium medieval
Los instrumentos para la escritura eran manufacturados en el propio lugar ("in situ") tan pronto como se necesitaban, incluyendo las tintas, el pergamino y la vitela (lat."vellum"); y el papel no fue usado hasta muy avanzado el período medieval, plumas y estilos de ave, pinceles, raspadores de piel y alisadores.

Preparación de los cuadernos de pergamino
El pergamino era fabricado generalmente a partir de la piel de ovejas o cabras, hasta conseguir una superficie lisa y fina especial para recibir la escritura, mientas que la vitela, obtenida ésta a partir de la piel de terneros recien nacidos, dotada de mayor delgadez y fortaleza en el soporte. El curtido, raspado y limpieza del pergamino y la vitela proporcionaba un soporte secante especialmente adecuado para recibir la tinta en los cuadernos, folios y páginas resultantes.

El color dorado a veces era conseguido mezclando huevo y agua, como otras tinturas en pequeños cuencos; y en los mejores momentos y talleres se conseguía usando láminas o raspaduras de oro. Una vez aplicado el dorado, la superficie del folio debía ser barnizada, a partir de un producto conseguido a partir de la cocción de huesos de animales.

Madrid, 27 Septiembre de 2010.
Autor: Alfonso Sánchez Mairena. Editor de http://cartulariosmedievales.blogspot.com/


Beda el Venerable
Referencias







06 agosto, 2007

"SCRIPTORIA" BAJOMEDIEVALES EN ANDALUCÍA

Low Middle Age "Scriptoria" in Andalucía (Spain) / "Scriptoria" andalouse (Espagne) du Baisse Môyen Âge.

Repensar las fuentes documentales bajomedievales

Tras años de investigaciones sobre la Andalucía bajomedieval, país donde se fundieron las dos naciones unidas en la persona del rey Fernando III (1217-30 / 1252), éste ha sido uno de los temas menos abordados para comprender el ser del actual andaluz. En 1230 se unieron definitivamente las coronas de Castilla y León, pero el lugar donde se puso en práctica esta fusión fue en la repoblación de Andalucía tras la batalla de las Navas de Tolosa (1212). Desde Jaén hasta Cádiz, todo el valle del Guadalquivir comenzó a ser poblado por familias procedentes de los territorios de los dos reinos, primando en principio los asentamientos leoneses (que incluyen a extremeños, gallegos, asturianos e incluso portugueses) en la zona occidental, y los castellanos en la zona oriental del valle del antiguo Betis, en virtud del principio de la proximidad geográfica. Tal vez este es el "cosmopolitismo" que se adjudica al andaluz de hoy día, el de la mezcla de pueblos del resto de la Península Ibérica en el largo y duro proceso repoblador de estas tierras de sur hispánico.

Con la repoblación, Andalucía fue reintegrada, usando la expresión de historiadores como Antonio Domínguez Ortiz o Angus McKay, en el mundo cultural occidental. Uno de los elementos significativos de esta integración fue la restauración de las instituciones eclesiásticas. Desde mediados del siglo XIII, con la aparición de las catedrales y obispados de Úbeda - Jaén, Córdoba y Sevilla, fundamentalmente, surgen de nuevo los archivos, las bibliotecas y los "scriptoria" en Andalucía. Los ecos de las antiguas escuelas monásticas y episcopales de las comunidades cristianas andalusíes, conocidas también como mozárabes, ya hacía tiempo que eran eso, un recuerdo. En gran medida el influjo cultural mozárabe, y con él, el de una versión de la latinidad, fue integrándose previamente en las fases repobladoras y de reorganización del territorio y del mundo cultural de las regiones entre el Cantábrico y el Guadiana (siglos VIII-XII), mediante la continua emigración al norte de comunidades tanto urbanas y campesinas, tanto láicas como religiosas procedentes principalmente de la Bética. Apenas quedaba ya rastro de estas comunidades cuando Fernando III anexionó la antigua Bética, que sería conocida en lo sucesivo como Andalucía.

Grandes bolsas de población mudéjar y comunidades judías continuaron viviendo en los nuevos concejos y villas, cada vez más concentradas en los grandes centros urbanos.

Actualmente, los estudios sobre la sociedad castellano-leonesa que forjó la actual Andalucía, puede ser que produzcan en un pequeño número respecto a otros objetos históricos de investigación, compensados por su creciente calidad, y por el diversificado origen de los autores. A pesar de ello, todavía nos queda por estudiar y conocer mucho acerca de esas primeras sociedades repobladoras, que dieron lugar a unos nuevos concejos que llegaron a ocupar un lugar relevante en la vida de la España bajomedieval. A la pujanza económica relacionada con los nuevos territorios cuya explotación se beneficiaba de los nuevos mercados, se unió el control castellano del Mar Mediterráneo mediante la sucesiva ocupación de Tarifa, Algeciras, Céuta y Gibraltar. Esta sociedad en apogeo dio lugar también a la aparición de pujantes instituciones culturales.

En 1254, Alfonso X creó el Estudio General de Sevilla, cuyo espíritu quedó nítidamente reflejado en las leyes que expresamente se dedican en Las Partidas a esta institución cultural de primer nivel. Y entre el siglo XIII y el XV fueron apareciendo excelentes escuelas catedralicias en Córdoba, Jaén o Cádiz, donde se enseñaba el Trivium, el Cuadrivium, así como Derecho Civil y Canónico, Medicina y otras artes. Se creó una red de escuelas urbanas y parroquiales, donde los niños comenzaron a aprender sus primeros rudimentos, antes de lectura que de escritura. En el siglo XIV, los clérigos estudiantes de origen andaluz estaban presenten en las famosas universidades hispanas y europeas: Salamanca, Santiago de Compostela, París, Bolonia o Aviñón.

En torno a este mundo cultural de las Iglesias, los cabildos catedralicios, los obispos y los monasterios comienza a derpertarse cierto interés investigador que va sacando a la luz muchos rasgos interesantes sobre los escritorios, las cancillerías, las bibliotecas, la enseñanza y las prácticas archivísticas. Nuevas lecturas de los viejos documentos son posibles, y nuevas noticias van apareciendo sobre esa sociedad andaluza bajomedieval, dinámica, pujante, llena de ósmosis como ámbito de frontera y vanguardia entre dos mundos en lucha en aquellos momentos, dos civilizaciones, dos formas de entender la vida.

Estamos convencios que la nueva lectura desde el punto de vista archivístico, codicológico y bibliotecológico es posible aplicarla a una buena parte de los estudios culturales realizados hasta el presente, especialmente a los tradicionales trabajos paleográficos, diplomáticos y codicológicos. Muy buenos maestros han abierto camino, la mayoría han pasado por las universidades andaluzas, difunden sus investigaciones desde las mismas o centran su atención en las fuentes documentales de esta zona con destacado perfil social y cultural en la España bajomedieval.

Un ejemplo de lo que decimos es el denominado "Cronicón Cordubense" de Fernando de Salmerón, del siglo XV, cuyo colofón indica: Este libro fue acabado miércoles quatro días de febrero, año de mill e quatrocientos e treinta e tres años, estando mi señor don Diego de Anaya arçobispo de Sevilla en la muy noble ciudad de Córdoba, e yo Fernando de Salmerón lo escreuí por su mandado.

Esta obra tiene una doble lectura, una historiográfica, la primada, y otra codicolócia, la pendiente, y ambas confluyen en la historia cultural bajomedieval hispana. El estudio historiográfico ha sido realizado por Derek LOMAX, profesor de la Universidad de Birmingham, en sendos trabajos de 1976 y 1982. De este estudio se extraen importantes noticias sobre el autor, sus fuentes, el estilo de narración histórica, sus paralelos y su personalidad historiográfica. Pero, aún falta por realizar un estudio de la dimensión codicológica.

El punto de encuentro entre ambos planos, el historiográfico y el codicológico, estaría en el estudio de la transmisión del texto original y en el estudio del contexto de su creación escrita, de su compilación y su función como códice, es decir, como ese objeto mueble, podía ser copiado, recopiado, mutilado, amplificado, difundido o escondido.

En este sentido estaríamos ante la obra de un clérigo culto, que D. Lomax prueba que escribe en la Córdoba del reinado de Juan II. Sería un ejemplo de obra de "scriptorium", es decir, elaborado en el medio escriturario de una iglesia catedral, la de Córdoba. Institución donde el maestrescuela se encargaba de controlar la expedición de documentos de la cancillería capitular, y probablemente de la episcopal en determinados aspectos confiados por el obispo, y al mismo tiempo se encargaba de dirigir la escuela catedralicia o "escuela de gramática" y de controlar la producción de manuscritos mediante la copia o escritura "ex novo" de libros o códices.

En los últimos años, es un hecho constatado la directa y estrecha relación entre biblioteca catedralicia o particular de los clérigos con la formación cultural, es decir, los canónigos, racioneros, dignidades y otros prebendados de las iglesias catedrales, que funcionaban también como peritos y asesores especializados en temas teológicos, médicos, jurídicos o de otra índole respecto a sus prelados y sus deanes o priores.

El cronicón fue expresamente encargado a Fernando de Salmerón por el arzobispo hispalense, hecho notable puesto que existía un estudio general o Universidad en Sevilla, pero prefirió encargarlo a un clérigo de una de sus diócesis sufragáneas, presumiblemente dotado de conocimientos en historia hispana y afamado por ello. Sabemos que la escuela catedralicia de Córdoba tenía fama por su rica biblioteca, sus clérigos estudiaban y perfeccionaban sus conocimientos en las grandes universidades de la España de entonces y de Europa. Un seleccionado número de prelados y de clérigos de las catedrales y obispados andaluces de los siglos XIV y XV participaron y fueron ponentes en las distintas sesiones del Concilio de Constanza, como luego harían en el de Trento.

Probablemente, el libro fue pensado, programado y puesto por escrito por el propio autor. Hecho habitual en la mayoría de los "scriptoria" medievales. En muy pocos y privilegiados casos había una permanente distribución del trabajo en la preparación de los códices.

La simple presencia de personas con conocimientos adecuados de escritura caligráfica y sobre la distribución de un texto según el método y las técnicas codicológicas (paginación, márgenes, letras iniciales, foliación, renglones, etc.) ya implica la existencia de un "scriptorium". La elaboración de un códice con los estatutos capitulares de una Iglesia, o la puesta por escrito de las actas de un sínodo diocesano, ya implicaba la existencia de un "Scriptorium".

A finales del siglo XV, conocemos la existencia de dos versiones en formato solemne de los primeros estatutos de la iglesia de Málaga, refundada en 1487. Diferentes noticias disperas por las actas capitulares de los últimos años del siglo XV y primeros del XVI nos ofrecen datos indirectos sobre la existencia de esta institución escrituraria, pero la evidencia más clara sobre su existencia en el capítulo catedralicio malagueño es la noticia sobre la existencia de dos ejemplares de los Estatutos, una primera versión en formato solemne, y una segunda posterior y seguramente mejorada.

Misales, Vidas de Santos, Cantorales y otros códices fueron obras elaboradas "ex novo" o copiadas en los "scriptoria" de las catedrales bajomedievales andaluzas. Unas veces se hacían por encargo, cuando los gremios de ricos artesanos encargaban libros litúrgicos para sus capillas, ermitas o iglesias parroquiales. En otras ocasiones, como en la Marbella de 1511, tras cerca de veinte años de la instauración de la nueva parroquia, todavía no estaba elaborado el Libro misal que era necesario para el culto en la iglesia parroquial mayor de la localidad. Esos libros no se realizaban en el entorno de la villa sino que se encargaban a los "scriptoria" de las iglesias de mayor entidad, fundamentalmente a las de Sevilla, Córdoba o Jerez de la Frontera, por poner ejemplos conocidos en ese entorno concreto donde sabemos que la primera sociedad repobladora del lugar buscaba sus modelos de organización.

La espiritualidad y la devoción popular de la baja edad media sevillana estaban muy ligadas a los cultos del monasterio de Guadalupe, donde la virgen milagrera era un estímulo para los cautivos cristianos en tierras musulmanas que deseaban huir y buscar el amparo y seguridad de sus tierras de origen. En el Monasterio pacense de Guadalupe funcionó uno de los más importantes y ricos "scriptoria" bajomedievales castellano leoneses. Apenas conocemos nada sobre las relaciones entre la biblioteca y el escritorio de este monaterio y las bibliotecas y "scriptoria" de Sevilla en los siglos XIV al XVI.

En un excelente libro sobre la biblioteca capitular hispalense en el siglo XV de M.ª del C. Álvarez Márquez (El mundo del libro en la iglesia catedral de Sevilla, 1992) se ofrece un detallado y documentado ensayo sobre todos los aspectos relacionados con la producción, organización y conservación del libro en la Catedral hispalense. Pero es muy significativo que no aparezcan noticias claras sobre la existencia de un "scriptorium" de la catedral hasta el siglo XVI, en una ciudad dotada de un Estudio General desde mediados del siglo XIII, ser sede de un rico mercado cuyos gremios construyeron la catedral en su día más grande de Europa, y tener una reconocida escuela catedralicia, además de ser sede arzobispal. Mediante la compra, la donación o las mandas testamentarias, la rica biblioteca hispalense también se nutriría de libros copiados por sus escribas y especialistas, además de que seguramente se debieron producir códices para abastecer a su extensa red parroquial. No el balde, en Sevilla se asentaron en el siglo XV los miembros de la famosa familia de impresores de los Cromberger, al amparo de un próspero mercado del libro.

Los Anales Cordobeses estudiados por Lomax muestran el interés de los clérigos cultos hispanos por el género historiográfico. Tenemos noticias de la existencia de crónicas históricas en las primeras bibliotecas monásticas y catedralicias hispanas de la Alta Edad Media, caso de la "Cróniga Regis" que existió en la biblioteca de la Catedral de Lugo en el siglo XI, actualmente desparecida. La famosa Historia Compostellana fue producto de un proyecto personal del arzobispo de Santiago de Compostela, Diego Gelmírez; lo mismo que la Crónica General de España estuvo inspirada por los arzobispos de Toledo. Esta última es una de las fuentes usadas por Fernando de Salmerón en su "Cronicón", además de que Lomax indica que no se puede descartar el uso de un ejemplar del "Chronicon mundi" de Lucas de Tuy y los Anales Toledanos.

El análisis de las fuentes de inspiración de esta crónica, nos lleva a los aspectos formativos y a las bibliotecas que tuviera a mano el autor de este códice historiográfico. Una vez más se confirmaría la relación entre "scriptorium¨ y biblioteca. Hecho bien constatado en la Abadía de Casauria (Italia central) en el siglo XII, cuando Giovanni di Berardo fue encargado de escribir un cartulario-crónica, y donde se puede ir detectando los códices teológicos, jurídicos e históricos usados en la preparación de su argumentación.

Si el encargo fue realizado por el arzobispo de Sevilla, don Diego de Anaya, el cual ocupó muchos cargos como obispo de Tuy, Orense, Salamanca, Cuenca y Sevilla, hata que en enero de 1433 el papa Martín V lo trasladó a la diócesis de Tarso, para dar la sede arzobispal de Sevilla al hermano del condestable Álvaro de Luna. Estos escuetos datos nos indican que el arzobispo encargaría la obra al clérigo cordobés pocos años antes de 1433, lo que nos lleva a intuir que Fernando de Salmerón tenía muy asentados sus conocimientos historiográficos y, sobre todo, que debía tener a mano una importante biblioteca con generosos fondos historiográficos, además de teológicos y jurídicos.

Esta crónica bajomedieval andaluza tiene ecos en distintas realizaciones escritas, como una crónica autobiográfica escrita en Marbella (Málaga) en la segunda mitad del siglo XVI, que en estos momentos estamos preparando para su edición. Los paralelismos entre el cronicón de Fernando de Salmerón (1433) y los Anales de Marbella (c. 1583) son muchos. En ambos las fuentes, la tradición narrativo-historiográfica, y los aspectos codicológicos, muestran grandes paralelismos.

Nuevas luces quedan por alcanzar en los estudios sobre la cultura escrita castellana a partir de los textos bajomedievales andaluces.

DATOS SOBRE EL "CRONICÓN CORDUBENSE"

El original se conserva en la Biblioteca de la Universidad de Salamanca. En 1918, don Ramón Menéndez Pidal lo dio a conocer en su obra sobre las Crónicas Generales de España a partir de un catálogo de la Biblioteca del Palacio Real en Madrid.

El manuscrito fue a parar a la Biblioteca Real procedente del Colegio mayor de San Bartolomé de Salamanca a finales del siglo XVIII. Precisamente, este colegio fue fundado por el arzobispo Anaya (Bulario de la Universidad de Salamanca, 1219-1549. 1966, t. II, nº 946).

En 1954, el general Francisco Franco lo devolvió a Salamanca, donde actualmente se conserva en la biblioteca universitaria.

BIBLIOGRAFÍA

LOMAX, Derek: "Una nueva obra andaluza: la Crónica de Fernando de Salmerón", en Actas I Congreso de Historia de Andalucía (Diciembre 1976). Andalucía Medieval, t. I. Córdoba: Caja de Ahorros de Córdoba, 1982, pp. 271-273

LOMAX, Derek: "El Cronicón Cordubense de Fernando de Salmerón", En la España Medieval, vol. 2, Madrid, 1982, pp. 595-642.



Madrid, 6 de agosto de 2007.


Alfonso Sánchez Mairena
Cuerpo Facultativo de Archiveros, Bibliotecarios y Arqueólogos