Latín: Chartularia: Memoriae medii aevi in libris membraneis recuperatio.
Portugués: Os cartorios: O resgate da memoria medieval em libros de pergaminho.
Inglés: Cartularies: Rescuing medieval memory in parchment books.
Francés: Les cartulaires: Le sauvetage de la mémoire médiévale dans des livres de parchemin.
Italiano: I cartulari: Il salvataggio della memoria medievale in libri di pergamena.
Alemán: Die kartulare: Die rettung des mittelalterlichen gedächtnisses in pergamentbüchern.
por Alfonso Sánchez Mairena | 2026.
Los cartularios medievales surgieron como
colecciones de copias de documentos originales, utilizadas por instituciones
religiosas medievales para la conservación y gestión de su memoria jurídica, funcionando
a menudo como crónicas históricas de su propia identidad institucional.
1. ¿Por qué estudiar los cartularios medievales?
Estos códices presentan una notable diversidad tipológica y simbólica. Si bien desde una perspectiva materialista (presentada normalmente como función pragmática o jurídica) los cartularios actúan como instrumentos para acreditar derechos y privilegios, su naturaleza eclesiástica les confiere una dimensión espiritual. En virtud de ésta, los cartularios no son solo registros de propiedad, sino memoriales de las ofrendas realizadas por los fieles para la salvación de sus almas, blindando bajo el carácter sagrado del pergamino lo que pertenece a la divinidad.
Por ello, el valor de los cartularios es crucial
para reconstruir el pasado social y diplomático de Occidente. En este contexto, cabiendo precisar
que, en este ámbito, lo «diplomático» no alude a las relaciones exteriores y
diplomacias modernas, sino a la Diplomática como disciplina científica dedicada
al análisis técnico y crítico del documento (o diploma) que otorga
fe pública a un acto jurídico.
En esta labor de reconstrucción, los
cartularios emergen como testimonios excepcionales de la evolución lingüística.
Al compilar documentos que abarcan varios siglos, se convierten en un
observatorio privilegiado para estudiar la transición del latín medieval
hacia las lenguas romances, como el español. Estas razones, entre muchas
otras, son las que nos invitan a profundizar en su estudio a través de este
blog de CARTULARIOS
MEDIEVALES. Medieval Cartularies.
La función del cartulario trasciende la mera acumulación de datos; a menudo, la disposición de los documentos y las notas marginales lo convierten en una crónica latente de la institución. Sin embargo, para entender su valor como fuente primaria, es preciso distinguir dos procesos críticos que ocurrían en el scriptorium: la copia y la transcripción.
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| Becerro Galicano del Monasterio de Valpuesta (Burgos). Archivo Histórico Nacional (Madrid). Accesible en el Portal de Archivos Españoles - PARES |
2. La función de crónica: El cartulario como biografía institucional
Más allá de su valor legal, muchos
cartularios fueron concebidos como auténticas crónicas de la
institución. No se limitaban a acumular documentos, sino que los
organizaban para narrar una historia de prestigio y santidad.
En estos casos, el cartulario suele
abrirse con un prologus que relata la fundación del centro (a menudo con tintes legendarios) y agrupa los diplomas no por orden cronológico, sino
jerárquico: primero las concesiones papales, luego las reales y finalmente las privadas.
Al insertar breves narraciones entre los documentos, el cartulario deja de ser
un frío registro para convertirse en la biografía jurídica y espiritual del
monasterio o la catedral, justificando por qué poseen lo que poseen y quiénes
son ante Dios y los hombres.
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| Cancillería Real de Alfonso X, siglo XIII. Privilegio rodado escrito en lengua romance castellana. AHN, OM, Car.1068,N.6,2 |
3. El taller de la memoria: El Scriptorium y la técnica del escriba
La elaboración de estas obras
maestras de la civilización medieval europea ocurría en el scriptorium, un espacio de silencio
y disciplina que funcionaba como un verdadero «taller de la
memoria». En centros neurálgicos como los monasterios de Sahagún
(León), Cardeña (Burgos) o el entorno de la Catedral de Lugo, los escribas no
eran meros copistas; eran técnicos altamente especializados.
Es aquí donde debemos distinguir dos
operaciones intelectuales muy distintas que definen la calidad de un
cartulario:
- El acto de copiar (Sincronía): Es la tarea más mecánica. El escriba del siglo
XIII, por ejemplo, copia un privilegio contemporáneo de Alfonso X
el Sabio. Utiliza la letra gótica de su tiempo y
maneja el castellano o galaico-portugués con fluidez. No hay barrera
lingüística ni paleográfica; el escriba y el documento hablan el mismo
idioma.
- El acto de transcribir (Diacronía): Esta es la labor que dota a cartularios como
el Tumbo Viejo de Lugo de
un valor incalculable. El escriba se enfrenta a documentos de los siglos
VIII o IX. Para él, el latín de esas centurias es una lengua
"extraña" y fosilizada y la escritura visigótica es
un laberinto de ligaduras difíciles de descifrar.
En mis investigaciones sobre el Tumbo Viejo de Lugo, he verificado cómo
este cambio de paradigma se manifiesta nítidamente. Expresado de otra manera, al
hablar de copiar cuando el escriba trabaja con documentos
contemporáneos a su tiempo. Un ejemplo claro sería un notario de finales del
siglo XIII que incorpora al cartulario un privilegio emitido por la cancillería
de Alfonso X. Aquí, el escriba maneja una lengua que le es propia
—el castellano o el galaico-portugués— y una escritura gótica que
domina con naturalidad. Existe, por tanto, una continuidad cultural y
lingüística entre el original y la copia cartularizada.
También he comprobado que este cambia
drásticamente cuando el escriba debe transcribir. Este proceso
implica un esfuerzo de comprensión y «traducción» cultural. En el
caso del Tumbo Viejo de Lugo,
nos encontramos con escribas del siglo XIII que deben enfrentarse a diplomas de
los siglos VIII al XII. Para ellos, leer escrituras del ciclo
visigótico o carolino no era una tarea mecánica, sino
un ejercicio de interpretación de formas gráficas ya arcaicas y de un latín que
empezaba a ser permeado por estructuras romances.
En su conjunto la investigación académica
ha mostrado como la sustitución de la escritura
visigótica por la carolina en los reinos hispanos supuso una ruptura en la
cadena de transmisión de la memoria. El cartularista se convierte, por tanto,
en el traductor necesario para que los derechos antiguos sigan siendo legibles
y válidos ante la nueva burocracia gótica.
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| Becerro Gótico del Monasterio de Valpuesta (Burgos). Archivo Histórico Nacional (Madrid). |
4. El «error» como huella histórica: Una anécdota del Tumbo Viejo de Lugo
En el estudio de este tipo de
códices, es común hallar «errores» que para el filólogo son tesoros. Al transcribir
documentos antiguos del Tumbo Viejo de Lugo, el escriba a veces
cometía errores de lectura al confundir letras visigóticas muy similares entre
sí (como la a y la u, o la t y
la a).
Más fascinante aún es cuando el
escriba, al no comprender una palabra latina arcaica, la 'actualiza' inconscientemente con un término romance que le resulta más familiar.
Estas vacilaciones ecdóticas son precisamente las que permiten
a los investigadores rastrear cómo el latín se estaba fragmentando para dar
paso a las lenguas romances. El escriba, en su intento de ser fiel al pasado,
termina dejando la huella de su presente lingüístico.
El gran paleógrafo Anscari M. Mundó
explicó que la transmisión de la letra visigótica a la carolina (siglos XI-XII)
no fue inmediata. En nuestra investigación sobre el Tumbo Viejo de Lugo
verificamos como el cartularista del siglo
XIII actúa como un "arqueólogo gráfico". Al transcribir documentos en
visigótica, se enfrenta a un sistema de ligaduras y abreviaturas que ya
resultaban arcaicas. Esta distancia temporal es la que genera las variantes
lingüísticas que tanto interesan a la filología.
En el Tumbo
Viejo de Lugo, la labor del cartularista podemos considerarla como heroica.
Debía rescatar textos escritos en una grafía (la visigótica) que, para el siglo
XIII, era ya un sistema gráfico en desuso. Al hacerlo, el cartularista no solo
preserva el dato jurídico, sino que nos lega una 'fotografía' de cómo un hombre
de la Baja Edad Media interpretaba los documentos de la Alta Edad Media.
| Fragmento del Tumbo Viejo de Lugo. Cartulario del siglo XIII. AHN, Cód. 1043. |
5. El valor de los cartularios para las Ciencias y Técnicas Historiográficas
Es en este cruce de siglos donde las
copias cartularizadas adquieren su
máximo relieve para la investigación. El cartulario se convierte en un objeto
de estudio multidisciplinar:
- Paleografía y Codicología: Permite analizar la evolución de las formas
gráficas y la estructura física del libro como unidad de memoria.
- Heurística y Ecdótica: Facilita la localización de fuentes y la
técnica de edición de textos, ayudando a discernir entre la fidelidad al
original y las posibles interpolaciones o errores del copista.
- Diplomática y Filología: Es aquí donde el filólogo encuentra un tesoro.
Al estudiar cómo un escriba del siglo XIII transcribe un documento del
siglo IX, se detectan las vacilaciones fonéticas y sintácticas que marcan
la transición del latín a las lenguas romances. El cartulario
no es solo un registro jurídico, es el registro fósil del nacimiento de
nuestra lengua.
| Archivo de la Catedral de Oviedo. Libro de la Regla Colorada |
- Codicología: Para entender la estructura del libro.
- Paleografía: Para analizar el cambio de las formas gráficas (del ciclo
visigótico al carolino y gótico).
- Heurística y Diplomática: Para validar la autenticidad de las fuentes y
su proceso de selección en el archivo.
6. De los claustros a la esfera civil: La expansión del modelo cartularístico
Si bien el origen de los cartularios es
eminentemente eclesiástico —y más concretamente monástico—, su
eficacia como instrumento de control jurídico y patrimonial hizo que el modelo
fuera adoptado paulatinamente por el resto de las instituciones de poder. Lo
que comenzó como una necesidad de los monjes para proteger sus dominios se
transformó, a lo largo de la Edad Media, en una práctica esencial para reyes,
nobles y municipios.
6.1. El origen monástico: El
"Arca de Noé" documental. Los primeros grandes cartularios nacen en los scriptoria de
monasterios como Sahagún, San Pedro de Cardeña o San
Millán de la Cogolla. Para estas comunidades, el cartulario era un
"seguro de vida". En un contexto de constantes conflictos
territoriales, tener los privilegios copiados en un volumen manejable evitaba
el deterioro de los pergaminos originales y facilitaba su exhibición ante
tribunales. El Becerro Gótico de Cardeña (s. XI) es uno de los
ejemplos más tempranos y majestuosos de esta tradición.
6.2. Cartularios de las Catedrales:
El prestigio del Cabildo. Las sedes episcopales no
tardaron en seguir este ejemplo. A diferencia de los monásticos, los
cartularios catedralicios (o Tumbos) solían tener una vocación más
solemne y urbana. El Tumbo A de la Catedral de Santiago de Compostela es,
quizá, el ejemplo más excelso: no solo registra propiedades, sino que refuerza
la autoridad del arzobispo Gelmírez mediante una iluminación artística
excepcional, uniendo derecho, arte y propaganda política.
6.3. El salto a la administración
civil: Reyes y Concejos. Con el fortalecimiento
de las monarquías y el auge de las ciudades, la necesidad de organizar la
memoria escrita llegó a la esfera laica:
- Cartularios Reales: La Corona comprendió que debía centralizar sus
privilegios. Un ejemplo paradigmático es el Libro de los
Privilegios de los Reyes de Mallorca o los registros de la Cancillería
de la Corona de Aragón, que funcionaban como cartularios
administrativos para gestionar un territorio en expansión.
- Cartularios Municipales o «Libros de Privilegios»: Los concejos
o ayuntamientos empezaron a compilar sus propios fueros y las mercedes
otorgadas por los reyes para defender su autonomía frente a la nobleza.
El Libro de las Leyes o los Libros de Privilegios
de ciudades como Murcia o Sevilla son testimonios de este
"orgullo ciudadano" fijado en pergamino.
6.4. La Nobleza: El linaje en papel. Ya en la Baja Edad Media, las grandes casas nobiliarias
también sintieron la necesidad de «cartularizar» sus posesiones.
Estos documentos, a menudo llamados Libros de Linaje o becerros
señoriales, servían para consolidar los mayorazgos y demostrar la antigüedad y
legitimidad de sus estados frente a otros linajes competidores.
La concepción del cartulario como un 'libro
de archivo' ha sido profundamente desarrollada por investigadoras
como Ana Suárez González (Universidad de Santiago de Compostela) y M.ªdel Carmen Rodríguez López (Universidad de León). Según sus tesis, los
tumbos y becerros trascienden la mera copia documental para convertirse
en 'libros maestros' destinados a la custodia en el arca
monástica. Esta visión subraya que el cartulario es, ante todo, un objeto
de memoria renovada, diseñado para asegurar la pervivencia de la
institución mediante una organización técnica del saber jurídico.
Conclusión: Un fenómeno de alfabetización administrativa
A mi juicio, esta expansión del cartulario
demuestra que la sociedad medieval pasó de una cultura basada en la memoria
oral y el documento suelto a una cultura del registro. El
cartulario se convirtió en la «base de datos» definitiva de la Edad Media, utilizada por cualquier
institución que tuviera algo que defender, ya fuera un derecho de pasto de un
pequeño municipio, un señorío nobiliario o la soberanía de un reino.
Los cartularios no eran solo libros;
eran el blindaje de una institución.
En el análisis del Tumbo Viejo de Lugo he podido observar,
con una nitidez excepcional, el fenómeno de la cartularización en
su máxima complejidad. En este códice, el paso del documento suelto al libro de
registro no fue un acto rutinario, sino una operación de alta ingeniería
documental. La institución no buscaba solo almacenar datos, sino construir un
baluarte jurisdiccional que resistiera el paso de los siglos.
Es en este escenario donde cobra
fuerza la figura del cartularista. Al estudiar el Tumbo de Lugo, no
nos hallamos ante un amanuense anónimo, sino ante un especialista que actuó
como puente entre dos mundos. Este cartularista tuvo que enfrentarse al desafío
de interpretar diplomas datados desde el siglo VIII, realizando una labor
de transcripción crítica que hoy nos permite asomarnos a las
estructuras sociales y lingüísticas de la Alta Edad Media.
En definitiva, la cartularización es
el rescate de la memoria frente al olvido y la dispersión.
Gracias a la labor intelectual de aquellos cartularistas, los documentos que
una vez descansaron en los archivos de monasterios y catedrales han llegado
hasta nosotros convertidos en monumentos de pergamino. Este blog nace con la
vocación de seguir esa estela: estudiar, difundir y poner en valor estos tesoros
que son, en esencia, la base documental de nuestra propia historia.
El cartulario no es, por tanto, un mero contenedor, sino un laboratorio donde la Paleografía, la Ecdótica y la Diplomática convergen para rescatar una memoria que, de otro modo, habría quedado sepultada bajo la ilegibilidad de los siglos.
Madrid, 8 de febrero de 2026.
Autor: Alfonso Sánchez Mairena
Cómo citar este artículo
SÁNCHEZ MAIRENA, Alfonso. Los cartularios: El rescate de la memoria medieval en libros de pergamino. En Blog CARTULARIOSMEDIEVALES. Medieval Cartularies [en línea]. 8 de febrero de 2026. [Consultado el: día de la consulta]. Disponible en: https://cartulariosmedievales.blogspot.com/2026/02/los-cartularios-el-rescate-de-la.html
Sánchez Mairena, Alfonso. (2026). Los cartularios: El rescate de la memoria medieval en libros de pergamino. Blog CARTULARIOS MEDIEVALES. Medieval Cartularies. https://cartulariosmedievales.blogspot.com/2026/02/los-cartularios-el-rescate-de-la.html



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