09 agosto, 2007

CULTURA ARCHIVÍSTICA EN LA ANDALUCÍA BAJO MEDIEVAL (s. XIII-XV). LA UNIVERSIDAD DE CLÉRIGOS DE CÓRDOBA

Archival written culture in Christian Andalucia (s. XIII-XV). The Priest University of Córdoba / Culture écrite dans l'Andalousie au Basse Môyen Âge (s. XIII-XV). L'Université des Prêtes de Córdoba.


El estudio de las manifestaciones culturales nos permite adentrarnos en el conocimiento de cualquier sociedad o civilización. En el ámbito de la cultura escrita medieval hispana una de las líneas de estudio son las instituciones documentales tales como los archivos, las bibliotecas y los escritorios. Sólo el ámbito de las bibliotecas y el de los Scriptoria han tenido tradicionalmente mayor interés para la comunidad científica en España, mientras que los estudios sobre los archivos en la sociedad medieval hispana todavía son muy poco numerosos.

La inmensa mayoría de los trabajos diplomáticos, paleográficos y bibliográficos ponen de manifiesto la presencia constante de archivos, bibliotecas, escritorios y cancillerías en todas las instituciones láicas y eclesiásticas bajomedievales.

Como han indicado ya reconocidos autores, la mera presencia de una acumulación de documentos más o menos consciente por un particular o por una institución nos indica la presencia de una incipiente cultura archivística. Si la presencia de un archivo aparece en los documentos constitutivos de las instituciones, podemos considerar que existe una cultura archivística plenamente consolidada. Por ello, el estudio de las manifestaciones archivísticas puede ser también uno de los indicativos del nivel de evolución de la cultura escrita de una sociedad dada.

Este sería el caso de la Universidad de Clerigos de Córdoba, institución surgida en esta ciudad de la Andalucía bajomedieval después de su integración en la civilización occidental tras ser anexionadaa por Fernando III en el siglo XIII. Esta institución se desarrolló en un contexto muy importante en la evolución de la cultura escrita hispana, como fueron los años iniciales del reinado de Alfonso X el Sabio. Son los momentos de la recepción del derecho romano con su valoración de los procedimientos documentales, la regulación de la enseñanza superior en los Estudios Generales y de la institución de los procedimientos de validación documental de las cancillerías reales y del notariado público castellano leonés.

Cuando Alfonso X llevó a cabo su vasto programa de reformas, las instituciones eclesiásticas llevaban siglos de evolución en materia de archivos, bibliotecas, organización de cancillerías y elaboración del marco de validez del documento escrito. De hecho, durante toda la Edad Media fueron las instituciones pontificias, las monásticas y las episcopales, las principales impulsoras en la creación de archivos, bibliotecas, cancillerías, escritorios, libros y códices religiosos y científicos, así como en la elaboración de cartularios, registros y documentos de validez pública ampliamente reconocida. Por la fecha de su creación, la Universidad de Clérigos de Córdoba puede servir como un ejemplo de institución influida por el marco de las políticas de patronato regio de Fernando III o de Alfonso X. Su estudio puede servir como campo de investigación para conocer hasta qué punto era una institución que en su creación era un producto de la tradición o si por el contrario manifiesta novedades propias del contexto cultural del reinado del rey sabio.

A este contexto cultural en plena evolución y perfeccionamiento se fueron integrando las nuevas sociedades repobladoras surgidas en la Andalucía bética tras su incorporación a Castilla y León en en la primera mitad del siglo XIII.

En el sistema de repartimientos de bienes raíces, privilegios, franquicias y derechos, las instituciones eclesiásticas fueron ampliamente beneficiadas por Fernando III y por Alfonso X, conscientes de la importancia de su función, puesto que en los nuevos territorios pudieron crear instituciones que podemos denominar como púramente castellano leonesas, puesto que en estos momentos fueron Andalucía y Murcia en el terreno de experimentación institucional y social en el que Fernando III pudo desarrollar sus programas de gobierno tras la unificación de ámbas coronas sin los particularismos y condicionantes que podían tener en Galicia, Castilla o León. Las nuevas sociedades andaluzas eran la manifestación más genuina de la nueva concepción “estatal” castellano leonesa. Las nuevas sociedades, como ha demostrado Manuel González Jiménez (Universidad de Sevilla), eran verdaderamente núcleos cosmopolitas formados por repobladores procedentes en diferente grado de los distintos territorios de Castilla y León, fundamentalmente, a los que se añadieron otros elementos procedentes de Aragón, Navarra, Portugal e incluso extranjeros. Esta composición cosmopolita también la apreciamos en la formación de los cuadros eclesiásticos de iglesias catedrales, obispados y comunidades religiosas.

No se ha conservado el documento fundacional de esta institución, pero los autores que han abordado su estudio indican que debió surgir al poco de la conquista de Córdoba, a mediados del siglo XIII. La primera prueba documental de su existencia es un privilegio de Alfonso X del año 1279, que se dirige ya a una institución preexistente. Distintos documentos, especialmente sobre los diezmos de la Catedral de Córdoba permiten sospechar que la Universidad de Clérigos sería fundada muy pocos años después de 1236. En estos documentos aparece siempre una mención al clero cordobés que actúa colegiadamente en diferentes pleitos sobre el disfrute de privilegios frente al obispo de Córdoba. Un investigador, Pedro P. Herrera Mesa, ha indicado que la configuración institucional de la Universidad debió tener lugar después del año 1252.

La institución estaba integrada por los clérigos de las catorce parroquias cordobesas, cuya sede estaba en la de San Pedro. Según el referido autor, la finalidad primordial era la defensa de los intereses de los clérigos afiliados. Actuaba como una especie de fraternidad que acogía y resolvía los problemas que afectaban a sus componentes.

En su constitución se dotó de unos estatutos, de los que no se conserva su documento original, pero que han llegado a nosotros mediante traslados y recopilaciones de la Ordenanzas mandados por distintos obispos cordobeses hasta mediados del siglo XVIII, entre ellos los Estatutos aprobados y confirmados por el obispo fray Gonzalo de Illescas (1455-1464), que es el texto más antiguo conocido de los mismos, y que con toda probabilidad serían redactados mucho antes de este pontificado, según pone de manifiesto la mención a dos obispos antecesores. La copia ordenada por fray Gonzalo de Illescas tenía la finalidad, según una diligencia al comienzo del traslado, de otorgar la licencia episcopal para el uso del sello en las cartas de la universidad, facultad que ya estaba otorgada y que este obispo se limitaba a ratificar.

De cara a la relación de esta institución con la cultura escrita archivística está el apartado de los estatutos dedicados al archivo de la Universidad mediante un capítulo dedicado al “Archa de la Universidad”, vinculada a la existencia de una cancillería, según indica la presencia de un sello propio, y que nos está indicando la existencia de un ciclo documental, mediante la expedición y recepción de documentos, cuya compilación en las correspondientes series de documentos originales recibidos del exterior y la copia de los emitidos por la insititución, que pasaría a guardarse en el arca o archivo, tras seguramente realizarse un previo y presumible expurgo de que se guardarían los que se consideraran como fundamentales e especialmente importantes para sustentar los derechos, funciones y privilegios de la Universidad de Clérigos. Los Estatutos indican que en el arca había un lugar reservado para el Privilegio Real y otras cartas y titulos de posesión, que se guardaban junto al sello y los dineros de la institución. Este arca estaba depositada en un lugar reservado de la Iglesia de San Andrés. Tenía tres llaves, una en manos del prior y las otras en poder de un clérigo de la Axarquía y otro de la Villa. Sólo en casos muy justificados se abriría el arca en presencia de los tres claveros y habiéndo sido previamente autorizado por el cabildo de la universidad.

La comparación de estos elementos con las prácticas reconocidas en los archivos catedralicios, monásticos o episcopales de los momentos anteriores y posteriores por todos los territorios hispánicos nos puede decir mucho acerca de las novedades o tradiciones. De la misma manera, su contraste con las noticias acerca de los archivos concejiles nos pueden abrir vías de investigación para observar las líneas de influjo entre las instituciones eclesiásticas y las civiles en materia documental y archivística.

Un privilegio de Alfonso X dado en Sevilla el 28 de junio de 1279 confirma la existencia de la Universidad. Aunque el mismo manifestaba una concesión perpétua fue ratificado en distintos reinados posteriores. Destaca en este sentido una ratificación de la confirmación hecha por Enrique III en las Cortes de Madrid el 15 de diciembre de 1393. Los privilegios ratificados eran muy importantes puesto que garantizaban:
  1. Inmunidad a los bienes muebles y raíces de la Universidad.
  2. Exención de hospedaje.
  3. Amparo ante el fuero real a todos los clérigos integrantes.
Sólo la salvaguarda de este importante privilegio exigía desde un primer momento la existencia de un archivo como garantía de conservación futura y de control del acceso.

La recopilación de noticias sobre las realidades archivísticas de la Andalucía bajo medieval para su estudio, puede ofrecernos grandes novedades sobre la cultura escrita archivística, especialmente en relación a la constatación o no de una tradición archivística puramente hispana.

En el caso de los Estatutos bajo medievales de la Universidad de Clérigos de Córdoba resalta la inclusión de un punto específicamente dedicado a la existencia del archivo, pues en comparación con las normas de los concejos o los propios estatutos catedralicios o los sínodos diocesanos conocidos de esa época, no es corriente que exista una regulación del archivo. En la mayoría de esos casos hay que deducir por el contraste de fuentes y las lecturas retrospectivas la existencia de la realidad del archivo. Por tanto, estos estatutos de la Universidad de Clérigos cordobesa son importantes.

FUENTES

Archivo de la Catedral de Córdoba, Libro de diezmos de donadíos de la Catedral.

Archivo de la Diputación Provincial de Córdoba, Colección Vázquez Venegas, leg. 260.

BIBLIOGRAFÍA

HERRERA MESA, Pedro Pablo: “La Universidad de Clérigos de Córdoba en la Baja Edad Media”, en Actas I Congreso Historia de Andalucía (Diciembre 1976). Andalucía Medieval, t. II. Córdoba: Caja de Ahorros de Córdoba, 1982; pp. 133-145.

RAMÍREZ DE ARELLANO, Rafael: Historia de Córdoba. Córdoba, 1915.

Madrid, 9 de agosto de 2007.

Alfonso Sánchez Mairena
Cuerpo Facultativo de Archiveros, Bibliotecarios y Arqueólogos

06 agosto, 2007

"SCRIPTORIA" BAJOMEDIEVALES EN ANDALUCÍA

Low Middle Age "Scriptoria" in Andalucía (Spain) / "Scriptoria" andalouse (Espagne) du Baisse Môyen Âge.

Repensar las fuentes documentales bajomedievales

Tras años de investigaciones sobre la Andalucía bajomedieval, país donde se fundieron las dos naciones unidas en la persona del rey Fernando III (1217-30 / 1252), éste ha sido uno de los temas menos abordados para comprender el ser del actual andaluz. En 1230 se unieron definitivamente las coronas de Castilla y León, pero el lugar donde se puso en práctica esta fusión fue en la repoblación de Andalucía tras la batalla de las Navas de Tolosa (1212). Desde Jaén hasta Cádiz, todo el valle del Guadalquivir comenzó a ser poblado por familias procedentes de los territorios de los dos reinos, primando en principio los asentamientos leoneses (que incluyen a extremeños, gallegos, asturianos e incluso portugueses) en la zona occidental, y los castellanos en la zona oriental del valle del antiguo Betis, en virtud del principio de la proximidad geográfica. Tal vez este es el "cosmopolitismo" que se adjudica al andaluz de hoy día, el de la mezcla de pueblos del resto de la Península Ibérica en el largo y duro proceso repoblador de estas tierras de sur hispánico.

Con la repoblación, Andalucía fue reintegrada, usando la expresión de historiadores como Antonio Domínguez Ortiz o Angus McKay, en el mundo cultural occidental. Uno de los elementos significativos de esta integración fue la restauración de las instituciones eclesiásticas. Desde mediados del siglo XIII, con la aparición de las catedrales y obispados de Úbeda - Jaén, Córdoba y Sevilla, fundamentalmente, surgen de nuevo los archivos, las bibliotecas y los "scriptoria" en Andalucía. Los ecos de las antiguas escuelas monásticas y episcopales de las comunidades cristianas andalusíes, conocidas también como mozárabes, ya hacía tiempo que eran eso, un recuerdo. En gran medida el influjo cultural mozárabe, y con él, el de una versión de la latinidad, fue integrándose previamente en las fases repobladoras y de reorganización del territorio y del mundo cultural de las regiones entre el Cantábrico y el Guadiana (siglos VIII-XII), mediante la continua emigración al norte de comunidades tanto urbanas y campesinas, tanto láicas como religiosas procedentes principalmente de la Bética. Apenas quedaba ya rastro de estas comunidades cuando Fernando III anexionó la antigua Bética, que sería conocida en lo sucesivo como Andalucía.

Grandes bolsas de población mudéjar y comunidades judías continuaron viviendo en los nuevos concejos y villas, cada vez más concentradas en los grandes centros urbanos.

Actualmente, los estudios sobre la sociedad castellano-leonesa que forjó la actual Andalucía, puede ser que produzcan en un pequeño número respecto a otros objetos históricos de investigación, compensados por su creciente calidad, y por el diversificado origen de los autores. A pesar de ello, todavía nos queda por estudiar y conocer mucho acerca de esas primeras sociedades repobladoras, que dieron lugar a unos nuevos concejos que llegaron a ocupar un lugar relevante en la vida de la España bajomedieval. A la pujanza económica relacionada con los nuevos territorios cuya explotación se beneficiaba de los nuevos mercados, se unió el control castellano del Mar Mediterráneo mediante la sucesiva ocupación de Tarifa, Algeciras, Céuta y Gibraltar. Esta sociedad en apogeo dio lugar también a la aparición de pujantes instituciones culturales.

En 1254, Alfonso X creó el Estudio General de Sevilla, cuyo espíritu quedó nítidamente reflejado en las leyes que expresamente se dedican en Las Partidas a esta institución cultural de primer nivel. Y entre el siglo XIII y el XV fueron apareciendo excelentes escuelas catedralicias en Córdoba, Jaén o Cádiz, donde se enseñaba el Trivium, el Cuadrivium, así como Derecho Civil y Canónico, Medicina y otras artes. Se creó una red de escuelas urbanas y parroquiales, donde los niños comenzaron a aprender sus primeros rudimentos, antes de lectura que de escritura. En el siglo XIV, los clérigos estudiantes de origen andaluz estaban presenten en las famosas universidades hispanas y europeas: Salamanca, Santiago de Compostela, París, Bolonia o Aviñón.

En torno a este mundo cultural de las Iglesias, los cabildos catedralicios, los obispos y los monasterios comienza a derpertarse cierto interés investigador que va sacando a la luz muchos rasgos interesantes sobre los escritorios, las cancillerías, las bibliotecas, la enseñanza y las prácticas archivísticas. Nuevas lecturas de los viejos documentos son posibles, y nuevas noticias van apareciendo sobre esa sociedad andaluza bajomedieval, dinámica, pujante, llena de ósmosis como ámbito de frontera y vanguardia entre dos mundos en lucha en aquellos momentos, dos civilizaciones, dos formas de entender la vida.

Estamos convencios que la nueva lectura desde el punto de vista archivístico, codicológico y bibliotecológico es posible aplicarla a una buena parte de los estudios culturales realizados hasta el presente, especialmente a los tradicionales trabajos paleográficos, diplomáticos y codicológicos. Muy buenos maestros han abierto camino, la mayoría han pasado por las universidades andaluzas, difunden sus investigaciones desde las mismas o centran su atención en las fuentes documentales de esta zona con destacado perfil social y cultural en la España bajomedieval.

Un ejemplo de lo que decimos es el denominado "Cronicón Cordubense" de Fernando de Salmerón, del siglo XV, cuyo colofón indica: Este libro fue acabado miércoles quatro días de febrero, año de mill e quatrocientos e treinta e tres años, estando mi señor don Diego de Anaya arçobispo de Sevilla en la muy noble ciudad de Córdoba, e yo Fernando de Salmerón lo escreuí por su mandado.

Esta obra tiene una doble lectura, una historiográfica, la primada, y otra codicolócia, la pendiente, y ambas confluyen en la historia cultural bajomedieval hispana. El estudio historiográfico ha sido realizado por Derek LOMAX, profesor de la Universidad de Birmingham, en sendos trabajos de 1976 y 1982. De este estudio se extraen importantes noticias sobre el autor, sus fuentes, el estilo de narración histórica, sus paralelos y su personalidad historiográfica. Pero, aún falta por realizar un estudio de la dimensión codicológica.

El punto de encuentro entre ambos planos, el historiográfico y el codicológico, estaría en el estudio de la transmisión del texto original y en el estudio del contexto de su creación escrita, de su compilación y su función como códice, es decir, como ese objeto mueble, podía ser copiado, recopiado, mutilado, amplificado, difundido o escondido.

En este sentido estaríamos ante la obra de un clérigo culto, que D. Lomax prueba que escribe en la Córdoba del reinado de Juan II. Sería un ejemplo de obra de "scriptorium", es decir, elaborado en el medio escriturario de una iglesia catedral, la de Córdoba. Institución donde el maestrescuela se encargaba de controlar la expedición de documentos de la cancillería capitular, y probablemente de la episcopal en determinados aspectos confiados por el obispo, y al mismo tiempo se encargaba de dirigir la escuela catedralicia o "escuela de gramática" y de controlar la producción de manuscritos mediante la copia o escritura "ex novo" de libros o códices.

En los últimos años, es un hecho constatado la directa y estrecha relación entre biblioteca catedralicia o particular de los clérigos con la formación cultural, es decir, los canónigos, racioneros, dignidades y otros prebendados de las iglesias catedrales, que funcionaban también como peritos y asesores especializados en temas teológicos, médicos, jurídicos o de otra índole respecto a sus prelados y sus deanes o priores.

El cronicón fue expresamente encargado a Fernando de Salmerón por el arzobispo hispalense, hecho notable puesto que existía un estudio general o Universidad en Sevilla, pero prefirió encargarlo a un clérigo de una de sus diócesis sufragáneas, presumiblemente dotado de conocimientos en historia hispana y afamado por ello. Sabemos que la escuela catedralicia de Córdoba tenía fama por su rica biblioteca, sus clérigos estudiaban y perfeccionaban sus conocimientos en las grandes universidades de la España de entonces y de Europa. Un seleccionado número de prelados y de clérigos de las catedrales y obispados andaluces de los siglos XIV y XV participaron y fueron ponentes en las distintas sesiones del Concilio de Constanza, como luego harían en el de Trento.

Probablemente, el libro fue pensado, programado y puesto por escrito por el propio autor. Hecho habitual en la mayoría de los "scriptoria" medievales. En muy pocos y privilegiados casos había una permanente distribución del trabajo en la preparación de los códices.

La simple presencia de personas con conocimientos adecuados de escritura caligráfica y sobre la distribución de un texto según el método y las técnicas codicológicas (paginación, márgenes, letras iniciales, foliación, renglones, etc.) ya implica la existencia de un "scriptorium". La elaboración de un códice con los estatutos capitulares de una Iglesia, o la puesta por escrito de las actas de un sínodo diocesano, ya implicaba la existencia de un "Scriptorium".

A finales del siglo XV, conocemos la existencia de dos versiones en formato solemne de los primeros estatutos de la iglesia de Málaga, refundada en 1487. Diferentes noticias disperas por las actas capitulares de los últimos años del siglo XV y primeros del XVI nos ofrecen datos indirectos sobre la existencia de esta institución escrituraria, pero la evidencia más clara sobre su existencia en el capítulo catedralicio malagueño es la noticia sobre la existencia de dos ejemplares de los Estatutos, una primera versión en formato solemne, y una segunda posterior y seguramente mejorada.

Misales, Vidas de Santos, Cantorales y otros códices fueron obras elaboradas "ex novo" o copiadas en los "scriptoria" de las catedrales bajomedievales andaluzas. Unas veces se hacían por encargo, cuando los gremios de ricos artesanos encargaban libros litúrgicos para sus capillas, ermitas o iglesias parroquiales. En otras ocasiones, como en la Marbella de 1511, tras cerca de veinte años de la instauración de la nueva parroquia, todavía no estaba elaborado el Libro misal que era necesario para el culto en la iglesia parroquial mayor de la localidad. Esos libros no se realizaban en el entorno de la villa sino que se encargaban a los "scriptoria" de las iglesias de mayor entidad, fundamentalmente a las de Sevilla, Córdoba o Jerez de la Frontera, por poner ejemplos conocidos en ese entorno concreto donde sabemos que la primera sociedad repobladora del lugar buscaba sus modelos de organización.

La espiritualidad y la devoción popular de la baja edad media sevillana estaban muy ligadas a los cultos del monasterio de Guadalupe, donde la virgen milagrera era un estímulo para los cautivos cristianos en tierras musulmanas que deseaban huir y buscar el amparo y seguridad de sus tierras de origen. En el Monasterio pacense de Guadalupe funcionó uno de los más importantes y ricos "scriptoria" bajomedievales castellano leoneses. Apenas conocemos nada sobre las relaciones entre la biblioteca y el escritorio de este monaterio y las bibliotecas y "scriptoria" de Sevilla en los siglos XIV al XVI.

En un excelente libro sobre la biblioteca capitular hispalense en el siglo XV de M.ª del C. Álvarez Márquez (El mundo del libro en la iglesia catedral de Sevilla, 1992) se ofrece un detallado y documentado ensayo sobre todos los aspectos relacionados con la producción, organización y conservación del libro en la Catedral hispalense. Pero es muy significativo que no aparezcan noticias claras sobre la existencia de un "scriptorium" de la catedral hasta el siglo XVI, en una ciudad dotada de un Estudio General desde mediados del siglo XIII, ser sede de un rico mercado cuyos gremios construyeron la catedral en su día más grande de Europa, y tener una reconocida escuela catedralicia, además de ser sede arzobispal. Mediante la compra, la donación o las mandas testamentarias, la rica biblioteca hispalense también se nutriría de libros copiados por sus escribas y especialistas, además de que seguramente se debieron producir códices para abastecer a su extensa red parroquial. No el balde, en Sevilla se asentaron en el siglo XV los miembros de la famosa familia de impresores de los Cromberger, al amparo de un próspero mercado del libro.

Los Anales Cordobeses estudiados por Lomax muestran el interés de los clérigos cultos hispanos por el género historiográfico. Tenemos noticias de la existencia de crónicas históricas en las primeras bibliotecas monásticas y catedralicias hispanas de la Alta Edad Media, caso de la "Cróniga Regis" que existió en la biblioteca de la Catedral de Lugo en el siglo XI, actualmente desparecida. La famosa Historia Compostellana fue producto de un proyecto personal del arzobispo de Santiago de Compostela, Diego Gelmírez; lo mismo que la Crónica General de España estuvo inspirada por los arzobispos de Toledo. Esta última es una de las fuentes usadas por Fernando de Salmerón en su "Cronicón", además de que Lomax indica que no se puede descartar el uso de un ejemplar del "Chronicon mundi" de Lucas de Tuy y los Anales Toledanos.

El análisis de las fuentes de inspiración de esta crónica, nos lleva a los aspectos formativos y a las bibliotecas que tuviera a mano el autor de este códice historiográfico. Una vez más se confirmaría la relación entre "scriptorium¨ y biblioteca. Hecho bien constatado en la Abadía de Casauria (Italia central) en el siglo XII, cuando Giovanni di Berardo fue encargado de escribir un cartulario-crónica, y donde se puede ir detectando los códices teológicos, jurídicos e históricos usados en la preparación de su argumentación.

Si el encargo fue realizado por el arzobispo de Sevilla, don Diego de Anaya, el cual ocupó muchos cargos como obispo de Tuy, Orense, Salamanca, Cuenca y Sevilla, hata que en enero de 1433 el papa Martín V lo trasladó a la diócesis de Tarso, para dar la sede arzobispal de Sevilla al hermano del condestable Álvaro de Luna. Estos escuetos datos nos indican que el arzobispo encargaría la obra al clérigo cordobés pocos años antes de 1433, lo que nos lleva a intuir que Fernando de Salmerón tenía muy asentados sus conocimientos historiográficos y, sobre todo, que debía tener a mano una importante biblioteca con generosos fondos historiográficos, además de teológicos y jurídicos.

Esta crónica bajomedieval andaluza tiene ecos en distintas realizaciones escritas, como una crónica autobiográfica escrita en Marbella (Málaga) en la segunda mitad del siglo XVI, que en estos momentos estamos preparando para su edición. Los paralelismos entre el cronicón de Fernando de Salmerón (1433) y los Anales de Marbella (c. 1583) son muchos. En ambos las fuentes, la tradición narrativo-historiográfica, y los aspectos codicológicos, muestran grandes paralelismos.

Nuevas luces quedan por alcanzar en los estudios sobre la cultura escrita castellana a partir de los textos bajomedievales andaluces.

DATOS SOBRE EL "CRONICÓN CORDUBENSE"

El original se conserva en la Biblioteca de la Universidad de Salamanca. En 1918, don Ramón Menéndez Pidal lo dio a conocer en su obra sobre las Crónicas Generales de España a partir de un catálogo de la Biblioteca del Palacio Real en Madrid.

El manuscrito fue a parar a la Biblioteca Real procedente del Colegio mayor de San Bartolomé de Salamanca a finales del siglo XVIII. Precisamente, este colegio fue fundado por el arzobispo Anaya (Bulario de la Universidad de Salamanca, 1219-1549. 1966, t. II, nº 946).

En 1954, el general Francisco Franco lo devolvió a Salamanca, donde actualmente se conserva en la biblioteca universitaria.

BIBLIOGRAFÍA

LOMAX, Derek: "Una nueva obra andaluza: la Crónica de Fernando de Salmerón", en Actas I Congreso de Historia de Andalucía (Diciembre 1976). Andalucía Medieval, t. I. Córdoba: Caja de Ahorros de Córdoba, 1982, pp. 271-273

LOMAX, Derek: "El Cronicón Cordubense de Fernando de Salmerón", En la España Medieval, vol. 2, Madrid, 1982, pp. 595-642.



Madrid, 6 de agosto de 2007.


Alfonso Sánchez Mairena
Cuerpo Facultativo de Archiveros, Bibliotecarios y Arqueólogos